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Tipos de Meditación. Parte VI Meditaciones Especializadas Impersonales

Discursos

Tipos de Meditación

Parte VI
Meditaciones Especializadas Impersonales

La diferencia entre meditación personal y meditación impersonal

La Quinta Parte fue dedicada a explicar y comentar las meditaciones especializadas personales. Esta Parte está consagrada a las meditaciones especializadas impersonales. Se podría recordar que la meditación personal es sobre una persona, y la impersonal sobre aspectos de la personalidad o sobre algo que se halla fuera del campo de la personalidad humana, como se la entiende comúnmente. En la respectiva Tabla, que aparece en la Parte cinco, las cuatro primeras formas de meditación son personales, y las ocho restantes impersonales. Tal como las formas de meditación personal, cada una de las formas de meditación impersonal también merece comentarios y explicaciones aparte.

La meditación sobre las formas de vida

El hombre tiende a fijar la atención en su propio cuerpo o en otras formas independientes del espíritu, que se manifiestan. Esto crea ilusiones, enredos y  complicaciones. De ahí que sea necesario un tipo de meditación que le permita al sadak, al aspirante desarrollar una perspectiva apropiada sobre la verdadera importancia, sobre el verdadero significado de las numerosas formas, y cultivar una acertada actitud respecto a ellas. En este tipo de meditación, el aspirante adquiere el hábito constante de considerar que todas las formas por igual son manifestaciones de la misma vida, de la vida omnipresente y, separadamente, son nada en sí mismas. Este tipo de meditación ayuda a desenredarse del mundo de la creación y fomenta el cultivo del tipo supremo de amor, del amor universal, que considera a toda la humanidad y a todos los seres vivos como miembros de una unidad, de una totalidad indivisible.

La meditación respecto de nuestro cuerpo

Pero el tipo de meditación sobre las numerosas formas de la vida manifiesta sigue siendo incompleto a menos que la complementemos con otro tipo de meditación sobre nuestro propio cuerpo. Nuestro propio cuerpo , el cuerpo físico, sutil y mental, es, como los cuerpos de los demás, una forma de la vida única y omnipresente. No obstante, la consciencia se encuentra fijada a nuestros propios cuerpos porque está tan profundamente apegada que se identifica con ellos. Pensar continuamente en desapegarnos de nuestro propio cuerpo ayuda a que la consciencia se emancipe, se libere y a que el verdadero conocimiento del Ser pueda florecer. Este tipo de meditación es fructífero para el aspirante, quien entonces considera a los cuerpos físico, sutil y mental como vestiduras que se saca y se pone.

La meditación sobre el aspecto sin forma e infinito de Dios

El tipo de meditación sobre las numerosas formas de la vida manifiesta y el tipo de meditación sobre nuestros propios cuerpos, son preparaciones, preparaciones para esa forma de meditación impersonal en la que nos esforzamos en retirar la consciencia de todas las numerosas formas de la vida manifiesta, incluidos nuestros propios cuerpos, y en la que la consciencia se centra en el aspecto sin forma e infinito de Dios. En las fases iniciales, esta forma de meditación impersonal se vale de algunos símbolos de la infinitud. Realmente es más útil empezar con alguna imagen que sugiere y significa la infinitud que con la idea abstracta de la misma. A la mente se la puede fijar en una imagen del cielo, del océano o del gran vacío, pero una vez que elige una imagen en particular, el aspirante debe ser fiel a ella durante todo lo que dure la meditación, sin permitir que ninguna otra imagen la reemplace.

Es difícil imaginar un vacío completo, un vacío ilimitado a partir de estos símbolos de la infinitud; sin embargo, éste es el mejor símbolo si podemos presentarlo con éxito ante nuestra mente. Aunque al vacío ilimitado se lo usa para significar la infinitud, en esta forma de meditación no se supone que el sadak llegue a poner completamente su mente en blanco. Esto último implica el cese de toda actividad mental, sin tener absolutamente ningún pensamientos, ninguna ideas, pero en esta forma de meditación la mente trata de captar, trata de  comprender el aspecto sin forma e infinito de Dios por medio de un símbolo que le resulte  significativo.

Representar la infinitud dentro de uno mismo

Hay una variación importante de esta forma impersonal de meditación. En ella la infinitud no es imaginada como una proyección mental externa considerada como un espacio ilimitado de algo que está fuera del aspirante al conocimiento. Resulta más útil representar a la infinitud dentro del aspirante. Después de representar a la infinitud interiormente, el aspirante debe sugerirse con fuerza que se identifica con esa infinitud con una fórmula en repetición que diga: “Interiormente soy tan infinito como el cielo”, “Interiormente soy tan infinito como el océano”, o “Interiormente soy tan infinito como el vacío”. Incluso puede ser más útil utilizar esta simple fórmula: “Interiormente soy el Infinito” y, mientras se la repite mentalmente, hay que captar y hay que comprender la importancia de la infinitud con la imagen elegida. No es necesario repetir la fórmula con tantas palabras; basta con atenerse al pensamiento que la fórmula expresa.

La meditación en la que se repite “Yo soy infinito” puede generar la fusión del aspirante en el aspecto sin forma e infinito de Dios. Algunos aspirantes se funden tan completamente que, aunque estuvieran rodeados por enjambres de mosquitos, no los oirían. Otros aspirantes podrían alterarse y perturbarse fácilmente. No deberían preocuparse porque no tengan éxito en su meditación sino persistir, persistir tenazmente ya sea que experimenten esa fusión o no. Una postura relajada es útil para esa fusión. Sin embargo, la fusión final es imposible, salvo con el auxilio de un Maestro.

La búsqueda del agente de la acción

Las formas de meditación que hasta aquí explicamos se refieren predominantemente a los objetos impersonales de la experiencia, pero algunas formas impersonales de meditación atañen al sujeto de la experiencia. Una forma importante de meditación como ésta consiste en plantear incesantemente el siguiente interrogante: “¿Quién? ¿Quién es el que hace todas estas cosas?”. El aspirante se descubre pensando: “Yo duermo, camino, como y hablo”, “Yo veo, oigo, toco, gusto y huelo”, “Yo pienso, siento y deseo”, etcétera. El interrogante perspicaz de esta forma de meditación es: “¿Quién? ¿Quién es este ‘yo’?”. El alma no experimenta ninguna de estas cosas, ninguna. El alma no duerme, no camina, el alma no come ni habla; no ve, no oye, no toca, no gusta, ni huele; el alma no piensa, no siente, ni desea. Entonces ¿Quién es entonces el agente que hace todas estas cosas? La fuente de todas estas actividades hay que descubrirla, y así explicar el misterio de toda la vida.

Hay un poder que crea todas estas cosas, y debemos saber que somos diferentes de este poder. No somos este poder y sin embargo somos capaces de usarlo con desapego. El aspirante piensa que camina, pero en realidad es su cuerpo el que camina. El aspirante cree que ve, oye, piensa, siente o desea, pero en realidad es su mente la que hace todas estas cosas mediante un instrumento apropiado. Como alma, el aspirante está en todas partes y en realidad nada hace. Pero no es suficiente pensar que, como alma, se está en todas partes y en realidad no hace nada. La persona, el aspirante debe conocer, conocer  esto.

Considerarse un testigo

Se puede aspirar al conocimiento del alma mediante una forma de meditación en la que el aspirante trata de considerarse un testigo, solo un testigo de todos los episodios físicos y mentales. Después de que alguien despierta, alguien deja de soñar, se da cuenta de que no era el agente real de todas las acciones que soñó, sino que era solo un  testigo, un testigo de todas ellas. Si el aspirante practica con persistencia el hecho de considerarse un testigo de todos los episodios físicos, de todos los episodios  mentales que experimenta tanto estando despierto como cuando sueña, pronto va desarrollar un total desapego, el cual lo libera de toda preocupación y de todo sufrimiento respecto de los episodios materiales. Esta forma de meditación tiene por objeto liberar al aspirante de las ataduras del tiempo y así aliviarlo inmediatamente del desenfreno, de las preocupaciones relacionadas con las diferentes expresiones de la energía limitada. Como testigo, el alma permanece aislada, aislada de todos los sucesos temporales, sin que los resultados de las acciones la aten. Todo esto ha de ser experimentado, y no solo pensado.

La importancia de aquietar la mente

Sin embargo, las formas de meditar sobre el sujeto de la experiencia tienen la desventaja de que el verdadero sujeto de la experiencia jamás podrá ser el objeto del pensamiento, el objeto de la meditación en el sentido corriente. De manera que estas formas de meditación pueden, en el mejor de los casos, acercar mucho al aspirante al conocimiento de sí mismo, el cual sólo podrá surgir con todo su esplendor después de atravesar totalmente el ámbito de la mente. Algunas formas impersonales de meditación especializada se relacionan, por lo tanto, a operaciones mentales, y en última instancia apuntan a aquietar la mente.

Anotar los pensamientos

Adquirir control sobre los pensamientos es ser plenamente consciente de lo que ellos realmente son. Hay que prestarles atención antes de controlarlos. Raras veces el aspirante puede dedicar la atención adecuada, durante la introspección corriente, a todos los pensamientos que se han manifestado y pasan por su mente. Por lo tanto, es útil que el aspirante en ocasiones anote, escriba todos sus pensamientos a medida que aparecen, que surgen y luego los examine cuidadosamente con tranquilidad. Este proceso difiere del hecho de escribir ensayos planificados. Permite que los pensamientos surjan sin dirección ni límite alguno para que hasta los elementos reprimidos de la mente inconsciente, de la mente subconsciente tengan acceso a la mente consciente.

La observación de las operaciones mentales

En una etapa avanzada, puede tener lugar una intensa percepción de los procesos mentales mientras los pensamientos aparecen en la consciencia; de esta manera es innecesario anotarlos. Las observaciones de las operaciones mentales deben acompañarse con una crítica evaluación de nuestros pensamientos. No es posible controlar los pensamientos si no determinamos si tienen o no tienen un determinado valor. Cuando se evalúan críticamente los distintos pensamientos que asaltan la mente, que surgen en la mente  y cuando las turbulencias internas que los sanskaras, que las impresiones mentales provocan son afrontadas, entendidas y consideradas en su justo valor, entonces la mente se empieza a liberar de todas las obsesiones y  todas las compulsiones relacionadas con ellos.

Poner la mente en blanco

Así preparamos el camino para la meditación en la que se intenta poner la mente en blanco, lo cual es una de las cosas más difíciles de lograr. Durante el sueño la mente no tiene ideas, entonces la consciencia se halla en suspenso, se halla en reposo. Si durante el estado de vigilia a la mente se le ocurre ponerse en blanco, lo que hace es pensar en esa idea y se halla lejos de ponerse en blanco. Sin embargo, ésta difícil treta de poner la mente en blanco es posible alternando dos formas incompatibles de meditación, de modo que la mente queda atrapada entre la concentración y la distracción.

Alternar entre la concentración y la distracción

De manera que el aspirante puede concentrarse en el Maestro durante cinco minutos y luego, cuando la mente se establece en la forma del Maestro, puede fijar su mente, durante los cinco minutos siguientes, en la meditación impersonal en la que el pensamiento diga: “Yo soy infinito”. Es posible recalcar la disparidad entre las dos formas de meditación teniendo los ojos abiertos  durante la meditación sobre la forma del Maestro y cerrando los ojos durante la meditación impersonal. Esta alternancia ayuda a poner la mente en blanco, pero para que tenga éxito, ambas formas de meditación han de ser seguidas seriamente. Aunque después de cinco minutos hay que pasar a otro tipo de meditación, no hay que pensar en eso mientras continúa el primer tipo de meditación. No hay distracción a menos que haya concentración. Y cuando se efectúa el cambio, no se debe pensar en el primer tipo de meditación. La distracción tiene que ser tan completa como la concentración anterior . Cuando hay una rápida alternancia entre concentración y distracción, las operaciones mentales son, por así decirlo, cortadas por una misma sierra que va hacia atrás y hacia adelante.

La Verdad reflejada en la mente tranquila

La desaparición de operaciones mentales de todo tipo contribuye a aquietar absolutamente a la mente sin dejar que la consciencia se adormezca. Todos los pensamientos que aparecen en la mente del aspirante son formas de perturbación y tienen su origen en el impulso de los sanskaras almacenados. La agitación de la mente sólo puede desaparecer cuando el aspirante puede controlar de tal manera a su mente que descarta todos los pensamientos a voluntad. A la Verdad sólo se la encuentra en el total silencio interior. El lago refleja las estrellas cuando su superficie está quieta. La mente refleja la naturaleza del alma tal cual es cuando está en quietud.