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La Espiritualización de la Vida Conyugal

Discursos

La Espiritualización de la Vida Conyugal

El matrimonio un proyecto espiritual 

La mayoría de las personas comienzan a vivir la vida conyugal en forma natural, mecánicamente, por inercia, por costumbre, de esta manera el matrimonio se va a convertir en una ayuda o en un obstáculo según la manera en que lo tomemos, según la forma en que nos abrazamos al matrimonio. No hay duda de que algunas de las inmensas posibilidades espirituales que nos brinda el matrimonio, son accesibles mediante la vida conyugal, pero todo esto depende de tener la actitud correcta. Desde el punto de vista espiritual, el matrimonio, la vida conyugal será exitosa, veraz, sólo si está determinada completamente por la visión de la Verdad. No puede ofrecer mucho si se basa solo en los limitados motivos del sexo, o si está inspirada por las consideraciones que generalmente prevalecen en las sociedades de consumo, como si fuera un negocio. Debe llevarse a cabo como un verdadero proyecto espiritual que existe para descubrir lo que la vida puede ser en su máxima instancia. Cuando la pareja, cuando los dos compañeros se lanzan juntos a la aventura espiritual de explorar las más altas posibilidades de la espiritualidad, no pueden en un comienzo, limitar su experimento con estimaciones agradables respecto a la naturaleza o la cantidad de ganancia en lo  individual.

La vida matrimonial difiere esencialmente de una relación basada en una sexualidad excesiva, promiscua 

La vida conyugal casi siempre exige varias demandas en ambos compañeros para un mutuo ajuste y comprensión, y crea muchos problemas, muchos de los cuales no se esperaban originalmente. Aunque esto en un sentido podría ser cierto de la vida en general, en la vida conyugal es particularmente verdadero . En el matrimonio dos almas se conectan de muchas maneras, lo cual requiere que ambos aborden la totalidad del complejo problema de la personalidad, en vez de un simple problema creado por algún deseo aislado. Esta es precisamente la razón por la cual la vida conyugal difiere completamente de las relaciones sexuales libres, de las relaciones abiertas. El sexo libre intenta separar el problema del sexo de otras necesidades de la personalidad en desarrollo y busca resolverlo aislado de éstas, separando una cosa de otra. Aunque este tipo de solución puede parecer fácil, resulta  muy superficial y tiene la desventaja adicional de distraer al buscador, al peregrino  de procurar una solución real al problema.

La tensión entre los varios propósitos de la vida conyugal invita a la sublimación

Los valores relativos de las diversas facetas de la personalidad limitada se aprecian mejor cuando se entremezclan y surgen  en diferentes escenarios y desde distintas perspectivas. Es difícil discriminar entre éstos aspectos, si aparecen irregularmente y de forma inconexa. En la vida conyugal hay amplio margen para este tipo de experiencias variadas, resultando así que las diferentes tendencias latentes en la mente comienzan a organizarse en torno al esquema cristalizado de la vida conyugal. Esta organización de propósitos variados no sólo proporciona un campo ilimitado para la discriminación entre los valores más elevados y lo valores más burdos, más bajos, sino que también crea entre éstos una tensión necesaria que requiere y llama a una sublimación, que tiene que ser  efectiva e inteligente.

Las condiciones del matrimonio precipitan cambios en la vida interior

De alguna manera, la vida conyugal se puede considerar como la intensificación de la mayoría de los problemas humanos. Como tal, muchas veces el matrimonio se convierte en el campo de batalla para las fuerzas que  esclavizan al hombre, así como para las fuerzas de la libertad; un campo de batalla  para todos los elementos basados en la ignorancia, y también para los factores de la luz. Ya que la vida conyugal de las personas comunes se determina por motivos variados, por múltiples consideraciones, invita inevitablemente a una oposición muy grande, acérrima entre el ser superior y el ser inferior. Tal oposición es necesaria para el desgaste del ser inferior y para que el  verdadero Ser florezca. La vida conyugal desarrolla tantos puntos de contacto entre dos almas, que la finalización de toda conexión significaría la descomposición y el desequilibrio de prácticamente todo el tenor de la vida. Dado que la dificultad de romper el uno del otro invita y precipita a este constante reajuste interior, el matrimonio es realmente una oportunidad disfrazada para que las almas establezcan una comprensión real y duradera que pueda permitir sobrellevar las situaciones más complejas y más delicadas.

La vida conyugal debe sintonizarse al el plan divino

El valor espiritual de la vida conyugal se relaciona directamente con la naturaleza de los factores preponderantes que determinan su curso diario. Si estos factores se basan en consideraciones superficiales, se puede deteriorar hacia una asociación egocéntrica que se oponga al resto del mundo. Si está inspirada por un idealismo noble, nos puede llevar hasta  un compañerismo que no sólo requiere y propicia cada vez mayores sacrificios recíprocos, sino que realmente se convierte en un medio por el cual las dos almas pueden ofrecer su amor y su servicio unido a la familia entera de la humanidad. Cuando la vida conyugal, de esta forma se alinea directamente con el plan divino para la evolución del individuo, el matrimonio se convierte en una bendición pura para los hijos que son fruto de tal unión, porque tienen la ventaja de absorber una atmósfera espiritual desde el inicio mismo de su vida en la tierra.

La vida conyugal espiritualizada y enriquecida por los hijos

Aunque los hijos son los verdaderos  beneficiarios de la vida conyugal de los padres, la vida conyugal de los padres a su vez se enriquece por la presencia de los hijos. Los hijos les dan a los padres la oportunidad de expresar y desarrollar el amor verdadero y el amor espontáneo, en el cual el sacrificio se vuelve fácil y placentero, y el papel desempeñado por los niños en la vida de los padres es de enorme importancia para el avance espiritual de los propios padres. Entonces, lógicamente, al aparecer los hijos en la vida conyugal, deben ser bienvenidos de todo corazón por los padres.

El control de la natalidad

En vista de los derechos que los hijos tienen en la vida conyugal, el actual movimiento para controlar la natalidad merece una especial atención y un examen crítico. La cuestión no debe considerarse desde el punto de vista de un solo interés especial o limitado, sino desde el punto de vista del máximo bienestar del individuo y de la sociedad. Una opinión acertada en este aspecto, como en todos los aspectos, debe estar basada por encima de todo en la espiritualidad. La actitud que la mayoría tiene hacia el control de la natalidad es oscilante y confusa porque contiene una mezcla extraña de elementos, algunos buenos y otros malos. Mientras que el control de la natalidad es correcto en su objetivo de regular la población, es terriblemente desafortunado en la elección de los medios por los cuales se logra. No cabe duda de que la regulación de la natalidad es a menudo deseable por razones personales y también sociales. La natalidad no controlada intensifica la lucha por la existencia y puede producir un orden social donde la competencia tenga ribetes despiadados, se vuelve inevitable. Además de crear una responsabilidad que los padres podrían ser incapaces de cumplir correctamente, lo cual se convierte en una causa indirecta que termina  contribuyendo al crimen, a la guerra y a la pobreza. Aunque las consideraciones humanas y racionales demandan y justifican todo intento serio para regular la natalidad, el uso de medios físicos para la regulación de la misma sigue siendo fundamentalmente indefendible e injustificable desde el punto de vida espiritual.

Los medios físicos eliminan los incentivos para el control mental

Los medios puramente físicos que generalmente defienden los partidarios del control de natalidad son extremadamente objetables desde el punto de vista espiritual. Aunque se aboga por los medios físicos para  controlar  la natalidad por razones humanitarias, la mayoría  de estos métodos, casi siempre los usa para servir sus propios fines egoístas y evitar la responsabilidad de sustentar y educar a los hijos. Ya que las consecuencias físicas de ceder a la lujuria se pueden evitar exitosamente usando estos medios, quienes no han comenzado a despertar a los valores más elevados de la realidad, no tienen ningún incentivo  para moderarse en la satisfacción de la pasión. Así, de esta manera se vuelven víctimas de una indulgencia excesiva, provocando su propia ruina física, moral y espiritual, al descuidar el control mental y convertirse en esclavos de la pasión animal.

El control mental es indispensable para ascender de la pasión a la paz

El uso fácil de los medios físicos oscurece el lado espiritual del asunto y está lejos de contribuir al despertar del hombre hacia su verdadera dignidad y libertad como ser espiritual. La indulgencia irreflexiva,  descontrolada inevitablemente conduce a una reacción que lleva a su vez a la esclavitud espiritual. Para aquellos aspirantes espirituales en particular, y para todos en general, porque todos son aspirantes espirituales en potencia, es extremadamente desaconsejable depender de medios físicos para regular la natalidad. Para tal regulación, la persona sólo debe usar el control mental. El control mental asegura los fines humanitarios que inspiran al control de la natalidad y se mantiene al margen de los desastres espirituales que lleva el uso de los medios físicos. El control mental no sólo es útil para regular el número de hijos, sino que también es indispensable para devolver al hombre su verdadera dignidad y su bienestar espiritual. Sólo mediante un ejercicio inteligente del control mental es posible que el hombre se eleve de la pasión a la serenidad,a la  paz, de la esclavitud a la libertad y de la animalidad a la pureza. En la mente de aquellas personas introspectivas, el  lado espiritual tan ignorado de esta cuestión debe necesariamente asumir la importancia que merece.

Responsabilidad conjunta de la paternidad

Ya que la mujer debe asumir las dificultades y la responsabilidad de concebir y criar a los hijos, puede parecer que se ve más seriamente afectada por cualquier falla del control mental que el hombre debe ejercer. De hecho, esto no significa ninguna injusticia real para la mujer. Es cierto que la mujer debe asumir las dificultades y la responsabilidad de concebir y criar a los hijos, pero también tiene una compensación inmensa, la alegría de alimentarlos y acariciarlos. Por consiguiente, la alegría de la maternidad es mucho mayor que la alegría de la paternidad. Además, el hombre debe también enfrentar y asumir la responsabilidad económica y formativa de los hijos. En un matrimonio bien ajustado, no tiene por qué haber injusticia alguna en la distribución de responsabilidades paternales que deba compartir la pareja. Si ambos son realmente conscientes de su responsabilidad mutua, la desconsideración dará lugar  a un esfuerzo activo y cooperativo para lograr un pleno control de la mente. En el caso de que haya cualquier fallo en el control mental, ambos asumirán en forma alegre y voluntaria la responsabilidad conjunta de la paternidad.

Los hijos deben ser bienvenidos

Si una persona no está preparada para asumir la responsabilidad de tener hijos, sólo le queda un curso de acción. Debe permanecer célibe y debe practicar el control mental estricto, puesto que, aunque tal control mental es extremadamente difícil de lograr, no es imposible. Desde el punto de vista puramente espiritual, el celibato estricto es lo mejor, pero por ser tan difícil, pocos lo pueden practicar. Para quienes no lo puedan practicar, la siguiente mejor opción es casarse para no ser víctimas de la promiscuidad. En la vida conyugal se puede aprender a controlar la pasión animal. Debe ser un proceso gradual, y en casos de fracaso al practicar este control, la pareja debe permitir que la naturaleza tome su propio curso en vez de interferir con ella mediante medios artificiales. Se debe acoger las consecuencias con alegría y estar preparados para asumir la responsabilidad de criar a los hijos.

El poder mental se debilita al depender de medios físicos

Desde el punto de vista espiritual, el control de la natalidad se debe efectuar esencialmente mediante control mental y nada más. Los medios físicos no son aconsejables bajo ninguna circunstancia, aun cuando la persona intente utilizarlos solo como una ayuda secundaria y provisional, sin pretender ignorar el ideal de desarrollar el control mental. Mientras se utilizan medios físicos, jamás se puede llegar al control mental real, aunque la persona intente hacerlo sinceramente. Al contrario, se vuelve adicta al uso de medios físicos e incluso comienza a justificarlos. Para explicar esto aún más claramente, lo que ocurre con el uso de medios físicos es que, mientras el individuo piensa que los utiliza solo como un paso preliminar previo al control mental que se ha desarrollado plenamente, en realidad se vuelve adicto a su uso y se convierte en esclavo del hábito. Aunque durante algún tiempo puede permanecer bajo el engaño de estar tratando de desarrollar el control mental junto con el uso de medios físicos, realmente lo está perdiendo gradualmente. En pocas palabras, el poder mental necesariamente se debilita al depender de medios físicos. Por esto, el uso de medios físicos es perjudicial para el desarrollo del autocontrol, y positivamente desastroso para el avance espiritual. Por lo tanto, es completamente desaconsejable, incluso por el mejor de los motivos.

Avance espiritual mediante la vida conyugal

Al comienzo de la vida conyugal, los compañeros se sienten atraídos tanto por lujuria como por amor, pero con una cooperación deliberada y consciente, pueden disminuir gradualmente todos los elementos de la lujuria y aumentar gradualmente el elemento del amor. Mediante este proceso de sublimación, la lujuria finalmente da lugar al amor profundo. Por el mutuo compartir de alegrías y dolores, los  compañeros  marchan de un triunfo espiritual a otro, del amor profundo a un amor cada vez más profundo, hasta que el amor posesivo y celoso del período inicial es sustituido totalmente por un amor expansivo y de entrega. De hecho, mediante el manejo inteligente del matrimonio, la persona puede avanzar tanto en el Sendero espiritual, que sólo se necesita un toque del Maestro para elevarla al santuario de la vida eterna.

El Problema del Sexo
Amor