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El Hombre-Dios. Parte I Los Aspirantes, El Conocimiento y Los Seres que Realizaron a Dios

Discursos

El Hombre-Dios. Parte I Los Aspirantes, El Conocimiento y Los Seres que Realizaron a Dios

La alegría que produce la intoxicación de Dios, la ebriedad divina

Los aspirantes al conocimiento avanzados pasan, incluso antes de realizar a Dios, por estados de consciencia que, en cierta forma, son afines al estado de realización de Dios. Por ejemplo, los masts y las almas avanzadas de los planos superiores dejan de tener deseos y al dejar de tener deseos se sumergen en la alegría, en el júbilo de la Ebriedad de Dios. Puesto que lo único que les interesa es Dios, se convierten en receptores de la felicidad única que caracteriza al estado de Dios. Su amado no es otro que Dios, y su único anhelo es Dios. Dios es para ellos no solo el único Amado sino también la única Realidad que importa. Desapegados de todo, excepto de Dios, no los afectan los placeres, no los afectan los dolores a los que están sujetas las personas del mundo. Son felices porque se hallan siempre frente al Amado divino que es el océano mismo de la felicidad.

Los poderes de los aspirantes avanzados

Los aspirantes avanzados no sólo participan de algunos privilegios del estado Divino, sino que también poseen grandes poderes ocultos (siddhis). Desde el punto de vista relacionado con los poderes que posean, los aspirantes pertenecen a diferentes tipos. Por ejemplo, incluso aun en el primer plano el aspirante empieza a ver luces y colores, puede deleitarse con perfumes, y a oír música del mundo sutil. Quienes están más avanzados pueden ver y oír cosas a cualquier distancia. Algunos aspirantes ven el mundo físico como si fuera un espejismo. Otros aspirantes avanzados pueden adoptar un cuerpo nuevo inmediatamente después de morir. Algunos representantes de los Maestros Perfectos tienen tal control sobre el mundo físico que pueden cambiar de cuerpo a voluntad. Se los llama abdal, según la tradición sufí. Todos estos logros de los aspirantes avanzados pertenecen al mundo de los fenómenos, al mundo de lo fenoménico. El ámbito de sus poderes es el de la Ilusión, y los milagros que realizan no significan necesariamente que se encuentren de alguna manera más cerca del estado de Dios.

Los diferentes estados de los aspirantes

Desde el punto de vista de la consciencia, los aspirantes son de varios tipos, de acuerdo con la dirección en la que avanzaron y su proximidad al estado de Dios. Algunos se embriagan con sus poderes extraordinarios y, bajo la tentación de usarlos, hacen una larga pausa en su marcha hacia Dios, quedando detenidos en la consciencia de los planos intermedios. Algunos se obnubilan y se confunden, e incluso se autoengañan. Otros quedan atrapados en un estado de intoxicación, en un estado de  coma. Hay algunos que tratan con muchísimas dificultades de descender nuevamente a la consciencia física, lo hacen  repitiendo un acto, un movimiento o una frase muchas veces. Están los que, en su divina ebriedad, son tan indiferentes a la vida del mundo físico que su comportamiento externo se parece en todo aspecto al de los que están locos, dementes. Y hay algunos que recorren el sendero espiritual mientras cumplen deberes propios de este mundo.

El estado unmatta

Algunos aspirantes avanzados, debido a sus elevados estados de consciencia, son dignos de adoración, pero de ningún modo se los puede comparar con los seres que realizaron a Dios en lo que atañe a belleza espiritual y perfección del estado interior de consciencia o a sus poderes. Todos los aspirantes, hasta el sexto plano, son limitados por la consciencia finita, y todos se hallan en el campo de la dualidad y la Ilusión. Los aspirantes son principalmente felices: esto se debe a su contacto y comunión con Dios. La alegría de estar internamente en compañía del Amado divino es tan grande que se comportan de forma desequilibrada. Como resultado de esto, no pueden controlar su estado de embriaguez divina que no pueden controlar, es probable que insulten a las personas, les tiren piedras y se comporten como si fueran personas poseídas por un espíritu maligno. Su estado es descrito frecuentemente como el del unmatta. Debido a esa alegría desbordante, esa alegría incontrolada, propia de su contacto interno con el divino Amado, no hacen caso para nada de las normas o valores del mundo. Su total desapego los torna tan intrépidos, tan osados, tan desapegados de las normas del mundo, que suelen confundir a la gente por este comportamiento, volviéndolos personas particularmente intratables.

La armonía y la felicidad de los que realizaron a Dios

El alma sólo puede controlar plenamente su alegría cuando llega a realizar a Dios en el séptimo plano. La felicidad  ilimitada que es suya desde la eternidad de ninguna manera desequilibra a la persona porque ahora está establecida permanentemente en el equilibrio de la no-dualidad, en el equilibrio de la Unidad. Ya no es afectada por la desmesura del amor y de la felicidad que han encontrado. También toca a su fin la inestabilidad ocasional debida a esta alegría, a este júbilo cada vez mayor a medida que más se aproxima a Dios porque ahora está inseparablemente unido con Él. Desaparece en el Amado divino, se funde en el Amado Divino, que es el océano infinito de felicidad ilimitada. La felicidad de la persona que realizó a Dios es incondicional y se sostiene por sí misma. Por lo tanto, es eternamente la misma, sin flujo ni reflujo. La finalidad alcanzada es incondicional, y su ecuanimidad, inexpugnable.

La felicidad de los aspirantes nace de su creciente proximidad e intimidad, cada vez  más estrecha con el Amado divino, aun cuando Dios todavía no ha sido realizado y sigue permaneciendo como un  Otro, ya que Amado y amante están cerca pero no se han realizado en la Unión, la otra felicidad de quien sí realizó a Dios es un aspecto inalienable del estado de Dios, en el que la dualidad no existe. La felicidad de los aspirantes es derivada, pero la felicidad de quienes realizaron a Dios está basada en el mismísimo Ser. La felicidad de los aspirantes, de los sadak proviene de la  gracia divina, por otro lado la felicidad de quienes realmente  realizaron a Dios, se puede decir que solamente Es. 

Las diferencias en relación con el universo

Cuando una persona llega a realizar a Dios posee poder, posee conocimiento y posee felicidad  infinita. Estas características que son propias de la realización interior son siempre las mismas, aún a pesar de las  diferencias menores, las cuales se originan y permiten distinguir ciertos tipos de seres que realizaron a Dios. Estas diferencias entre los que realizaron a Dios son externas, extrínsecas y sólo pertenecen a la relación que ellos mismos tienen con el universo. Éstas diferencias no crean grados espirituales jerárquicos entre los que realizaron a Dios, quienes son todos perfectos y Uno con toda la  vida y toda la existencia. Sin embargo, desde el punto de vista de la creación, estas diferencias entre los que realizaron a Dios no sólo son claras sino también dignas de notar, de ser expresadas. Después de realizar a Dios, algunas de las almas abandonan todos sus cuerpos y permanecen inmersos eternamente en la consciencia de Dios. Dios es para estas almas, la única Realidad, y el universo entero es igual a cero, es igual a Nada. Se hallan tan completamente identificadas con el aspecto impersonal de la Verdad que no tienen vínculos directos con el mundo de las formas.

Majzubs-e-Kamil

Algunas almas que realizaron a Dios retienen sus cuerpos físicos, su cuerpo  sutil y su cuerpo mental pero, al estar absortas en la consciencia de Dios, no son para nada conscientes de que estos cuerpos existen. Otras almas siguen viendo en la creación estos cuerpos y los tratan como si fueran personas encarnadas, pero estos cuerpos existen solamente desde el punto de vista del observador. A esas personas que realizaron a Dios y que conservan los cuerpos se las llama Majzubs-e-Kamil, según el lenguaje de los  sufí. Estos Majzubs no usan conscientemente sus cuerpos porque su consciencia está totalmente absorta en Dios, sin enfocarse en los cuerpos o en el universo. En lo que a ellos respecta, tanto sus propios cuerpos como el mundo de las formas no existen, por lo tanto, de ningún modo usan sus cuerpos en relación con el mundo de las formas. Sin embargo, sus cuerpos son necesariamente centros desde los cuales se irradia y se derrama, de manera espontánea y constante: la felicidad, el conocimiento y el amor infinitos que ellos disfrutan. Aquellas personas que reverencian a estos seres obtienen gran beneficio espiritual de esta espontánea irradiación de la  divinidad.

Algunas almas que realizaron a Dios son indiferentes a la creación

Además de la consciencia Divina, algunos seres que realizaron a Dios son conscientes de la existencia de otras almas que aún están en la esclavitud. Saben que todas estas almas son formas del Paramatma (Alma Universal), y que todas ellas están destinadas a lograr algún día la Liberación y la realización de Dios. Al poseer este conocimiento, permanecen indiferentes a las vicisitudes provisorias y cambiantes de las almas que están esclavizadas. Estas almas que realizaron a Dios saben que, así como ellas mismas realizaron a Dios, otros también lo harán en algún momento. Sin embargo, no les importa acelerar la realización de Dios en quienes están en la esclavitud ni se interesan tampoco activamente en el proceso temporal de la creación.

El Hombre-Dios (Sadguru)

Poquísimas almas que realizaron a Dios poseen no sólo la consciencia Divina, sino que también son conscientes de la creación y de sus propios cuerpos. Se interesan activamente en las almas que están en la esclavitud y usan conscientemente sus propios cuerpos para su labor en la creación, ayudando a otras almas en su marcha hacia Dios. Este tipo de alma que realizó a Dios se llama Hombre-Dios, Maestro Perfecto, Sadguru, Qutub o Salik-e-Mukammil. El Hombre-Dios se experimenta como el centro de todo el universo, y cada uno –las personas más encumbradas o humildes, las más buenas o las más  malas– se halla a la misma distancia de él. Según la tradición sufí, este centro se llama Qutub; el Qutub controla todo el universo por medio de sus representantes.

El Dios-Hombre (Avatar)

Cuando el hombre se convierte en Dios y retiene la consciencia de la creación, se lo llama Hombre-Dios, pero cuando Dios se convierte en hombre, se lo llama Dios-Hombre, Mesías o Avatar. El Dios-Hombre, el primer Sadguru, fue el primero en emerger del proceso de la evolución y la involución; y Él ayuda a todas las almas que están atadas, esclavas mediante sus recurrentes advenimientos. Sin embargo, desde el punto de vista de las características fundamentales de la consciencia y de la naturaleza del trabajo en la creación, el Avatar es como cualquier otro Sadguru (Hombre-Dios). El Avatar y el Sadguru nunca pierden la consciencia Divina, ni  siquiera un instante, aunque se dediquen a toda clase de actividades relacionadas con la creación. Ni uno ni otro tiene una mente finita y limitada; ambos trabajan por medio de la mente universal cuando desean ayudar a otras almas.