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El Hombre-Dios. Parte II El Estado del Hombre-Dios

Discursos

El Hombre-Dios

Parte II
El Estado del Hombre-Dios

Convertirse en Dios

Dios es el más importante, el más significativo de todos los temas que los hombres analizan, estudian. Sin embargo, el estudio que es solo teórico de Dios no lleva muy lejos. No lleva al sadak, al aspirante del conocimiento, hacia el propósito real de la vida del ser humano, aunque siempre es mejor el estudio de los temas vinculados a Dios que ignorar completamente su existencia. Buscar intelectualmente a Dios es infinitamente mejor que ser escéptico o agnóstico. Y es mucho mejor que estudiar a Dios, sentirlo. Aunque incluso sentir a Dios, aun es menos importante que experimentar a Dios. Sin embargo, incluso experimentando a Dios no podemos lograr la verdadera naturaleza de la Divinidad porque Dios, como objeto de experiencia, sigue siendo diferente, distante y ajeno al aspirante. El aspirante sólo conoce la verdadera naturaleza de Dios cuando llega a fundirse con Él, a unirse íntegramente en Él, desapareciendo en el Ser de Dios. De manera que es mejor estudiar a Dios que ignorarlo; es mejor sentir a Dios que estudiarlo; es mejor experimentar a Dios que sentirlo; y es mejor convertirse en Dios que experimentarlo.

La suprema certeza

Al estado de realización de Dios no lo afectan las dudas, las dudas que oscurecen las mentes de quienes están atados, quienes estan sujetos  en la esclavitud. Quienes están en esta esclavitud se hallan en constante estado de incertidumbre acerca del origen y del destino, acerca “de dónde vienen” y “hacia dónde van”. Por otra parte, quienes realizaron a Dios están en el centro mismo de la creación, el lugar donde se conoce su origen y su meta. La persona que realizó a Dios sabe que ella misma es Dios, lo sabe con tanta seguridad como una persona corriente sabe que ella no es un animal sino un ser humano. La duda, la creencia, el autoengaño, la conjetura, la suposición no cuentan para quienes realizaron a Dios, porque se trata de una certidumbre suprema, máxima e inconmovible que no necesita de ninguna corroboración externa, no necesita pruebas y no le afectan las contradicciones de los demás porque la certeza se basa en un continuo conocimiento de la mismisidad, un continuo conocimiento del Sí Mismo. Nada, ni nadie puede cuestionar esta certeza, esta verdad, esta certidumbre espiritual. El alma realizada no puede pensarse a sí misma  en otra cosa  que no sea Dios, no puede pensar de sí misma, nada que no sea Dios, así como una persona corriente no puede pensar de sí misma nada que ponga en duda que ella misma es un ser humano. Aun, la persona piensa que es lo que en realidad no es, mientras que el alma que realizó a Dios sabe que ella misma es lo que en realidad es.

La gloria de la realización de Dios

La realización de Dios es la meta misma de toda la creación. Todos los placeres de esta Tierra, por enormes que sean, son solamente una sombra fugaz del eterno gozo de la realización de Dios. Todos los conocimientos propios de este mundo, por grandes que sean, son solo un deformado reflejo de la Verdad absoluta de la realización de Dios. Todos los poderes humanos, por impresionantes que sean, son solo un fragmento del poder infinito de la Realización. Todo lo noble, bello, lo encantador, todo lo magnífico, lo bueno e inspirador que en el universo existe es tan sólo una fracción muy pequeña, infinitesimal de la gloria  que no se marchita, de la gloria inefable de la realización de Dios.

El precio de la realización de Dios

La dicha eterna, el poder infinito, la gloria imperecedera y la Verdad absoluta de la realización de Dios no se obtiene, no se logra en forma gratuita, en forma fácil. El alma individualizada tiene que experimentar toda clase de adversidades, de dolores, lucha y lucha por evolucionar, reencarnar y luego involucionar antes de poder heredar este tesoro, el cual está oculto en el corazón mismo de la creación. El precio que tiene que pagar para entrar en posesión de este tesoro es su propia existencia como ego separado del todo. La individualidad limitada deberá desaparecer enteramente si quiere ingresar en el ilimitado Estado Divino.

La individualidad limitada que en una persona corriente de este mundo se identifica con un nombre, con una forma finita, predomina y crea un velo de ignorancia sobre el Dios interior. Si esta ignorancia ha de desaparecer, entonces el individuo limitado tiene que renunciar a su propia existencia limitada. Cuando él desaparece de escena sin dejar rastros de su vida limitada, lo que queda es Dios. Renunciar a la existencia limitada es renunciar al engaño, a la farsa, a la falsedad firmemente arraigada, de tener una existencia separada. No es renunciar a algo real: es renunciar a lo falso para  heredar la Verdad.

Dos aspectos del Hombre-Dios

Cuando una persona cruza los planos internos hacia la realización de Dios deja de ser sucesivamente consciente tanto de los mundos físico, como del  sutil y del  mental, también de sus propios cuerpos físico, sutil y mental. Pero después de realizar a Dios, unas pocas almas descienden o bajan nuevamente y toman consciencia de toda la creación, toman consciencia de sus cuerpos físico, sutil y mental sin comprometer su consciencia Divina. Solo cinco de ellos funcionan como Maestros Perfectos. Dios como Dios no es hombre conscientemente, y el hombre como hombre no es Dios conscientemente; el Hombre-Dios es consciente tanto de  Dios como de hombre. Sin embargo, volviéndose nuevamente consciente de la creación, el Hombre-Dios no sufre el más leve deterioro en su jerarquía espiritual.

El Hombre-Dios no es afectado por la creación

Lo que es espiritualmente desastroso para el alma que aún está en la esclavitud, que aun esta encarcelada  no es que sea solo consciente de la creación, sino el hecho de que la creación afecta su consciencia a causa de sus impresiones mentales, a causa de sus sanskaras. De manera que la ignorancia tapa a la consciencia y esto impide la realización de la Divinidad interior. Del mismo modo, lo que también es espiritualmente desastroso no es que el alma sea solo consciente de los cuerpos, sino que se identifique con ellos a causa de los sanskaras. Estos sanskaras impiden la Realización del Alma infinita, la cual es la Realidad última y la base de toda la creación. Sólo en ella se puede encontrar el significado final de toda la creación.

El alma encarcelada, el alma esclavizada está atada al mundo de las formas por una cadena de sanskaras, los cuales crean una  identificación falsa, ilusoria del alma con los cuerpos. La desarmonía dentro de la consciencia y las deformaciones con las que se exprese surgirán de la identificación de las impresiones mentales, de la identificación sanskárica con los cuerpos, y no del solo hecho de ser consciente de los cuerpos. Puesto que el Hombre-Dios está libre de todo sanskara, es constantemente consciente de que es diferente de los cuerpos, y los puede usar en armonía como instrumentos para expresar con total pureza la voluntad de Dios. Los cuerpos son para el Hombre-Dios como la peluca para un calvo. El calvo se pone la peluca cuando va a trabajar durante el día, y se la saca cuando se acuesta por la noche. De igual manera, el Hombre-Dios usa sus cuerpos cuando los necesita para su trabajo, pero está libre de ellos cuando no los necesita y sabe que son cabalmente diferentes de lo que Él realmente, verdaderamente es como Dios.

La sombra mutable de Dios no puede afectar la consciencia Divina

El Hombre-Dios sabe que es infinito y sabe que está más allá de todas las formas, y por lo tanto, con completo desapego puede permanecer consciente de la creación sin que la creación le afecte. Lo falso del mundo fenoménico consiste en que no se lo comprende apropiadamente, o sea, como una expresión ilusoria del Espíritu infinito. La ignorancia consiste en considerar que la forma es completa en sí misma, sin referencia alguna al Espíritu infinito del cual es la expresión. El Hombre-Dios realiza la Verdad. Es consciente de la verdadera naturaleza de Dios, al igual que de la verdadera naturaleza de la creación. Sin embargo, esto no implica que tenga consciencia alguna de la dualidad porque la creación para él  no existe. Existe salvo como la mutable sombra de Dios. Él es la única Existencia eterna y real, y está en el corazón mismo de la creación. Por lo tanto, el Hombre-Dios puede seguir estando consciente de la creación sin reducir su consciencia Divina, y continúa su trabajo en el mundo de las formas para fomentar el propósito puro de la creación, el cual consiste en desarrollar pleno conocimiento del Ser, la realización de Dios, en todas las almas.

El Hombre-Dios trabaja por medio de la mente universal

Cuando el Sadguru desciende e ingresa en el mundo de las formas desde el aspecto impersonal de Dios, adquiere mente universal, y sabe, siente y trabaja por medio de esta mente universal. La limitada vida de la mente finita no existe más para él, no existen más los dolores, los placeres de la dualidad, tampoco la vacuidad y vanidad del ego separado, del ego dual. Es conscientemente Uno con toda la vida. No sólo experimenta, mediante su mente universal, la felicidad de todas las mentes, sino también el sufrimiento de todas ellas. Puesto que en casi todas las mentes prepondera principalmente el sufrimiento sobre la felicidad a causa de la ignorancia, el sufrimiento que de esa manera el Hombre-Dios experimenta, por el estado en el que los demás se hallan, es infinitamente mayor que la felicidad. El dolor, el sufrimiento del Hombre-Dios es grande, pero la dicha infinita del estado Divino, que él disfruta constantemente y sin esfuerzo, lo sostiene en todos los sufrimientos que vienen, sobrevienen, dejándolo impávido y sin que lo afecten.

El Hombre-Dios se desprende de la mente universal después de cumplir su misión

El alma individual no tiene acceso a la felicidad infinita del estado Divino, y su felicidad y su sufrimiento sanskáricos la perturban y la  afectan seriamente debido a que, por su ignorancia, se identifica con la mente limitada. El Hombre-Dios ni siquiera se identifica con la mente universal que él asume cuando desciende al mundo. Utiliza la mente universal solo para cumplir su misión en el mundo, sin identificarse con ella, y puesto que la usa únicamente para su trabajo, no lo afectan los sufrimientos ni la felicidad que la identificación produce. Él se desprende de la mente universal una vez terminado su trabajo. Aunque esté trabajando en el mundo por medio de su mente universal, él se sabe Dios eterno y único, y no la mente universal.

El sufrimiento del Hombre-Dios y del Dios-Hombre

La unión que el Hombre-Dios tiene con Dios es perfecta. Aunque descienda a la dualidad para realizar su labor universal, sigue sin poder separarse de Dios siquiera por un instante. En su estado normal, como hombre, tiene que estar a la altura de todos, comer, beber y sufrir como los demás. Sin embargo, como conserva su Divinidad incluso mientras hace todas estas cosas, experimenta constantemente paz, felicidad y poder. Jesús sufrió en la cruz, pero no fue perturbado por este dolor, por este  sufrimiento. En el continuo conocimiento que su Divinidad consciente le dio, supo al mismo tiempo que todo en el mundo dual es ilusión, y este estado Divino lo sostuvo.

La Crucifixión

Como Dios, el Hombre-Dios experimenta todas las almas como la suya propia. Se experimenta a Sí Mismo en todas las cosas, y su mente universal incluye a todas las mentes. El Hombre-Dios se sabe Uno con todas las demás almas que están en la esclavitud. Aunque se sabe idéntico a Dios, y así eternamente libre, también sabe que es Uno con todas las demás almas que están en esclavitud, de manera que también está encadenado. Aunque es consciente de la felicidad eterna de su Estado Divino, también experimenta el sufrimiento infinito, debido a la esclavitud de los demás de quienes Él sabe que son sus propias formas. Éste es el significado de la Crucifixión de Jesús el Cristo. Por así decirlo, el Hombre-Dios está siendo crucificado constantemente, continuamente, y está naciendo continuamente. El propósito de la creación se ha realizado completamente en el Hombre-Dios. Nada tiene que obtener para Sí Mismo permaneciendo en el mundo, pero conserva su cuerpo y sigue usándolo para liberar de la esclavitud a otras almas y así, ayudarlas a alcanzar la consciencia de Dios.

La no-dualidad en medio de la dualidad

Incluso mientras trabaja en el mundo de la dualidad, el Hombre-Dios de ninguna manera es limitado por la dualidad. En su estado Divino, la dualidad del “yo” y “tú” se absorbe en el amor divino que todo lo abarca. El estado de Perfección en el que el Hombre-Dios mora está más allá de todas las formas de la dualidad y de todos los opuestos. Es un estado de libertad ilimitada, un estado de  plenitud sin par, de dulzura inmortal, de felicidad que no perece, de divinidad pura, sin marca y una creatividad sin trabas. El Hombre-Dios está inseparablemente unido con Dios para siempre y permanece en un estado de no-dualidad, en un estado de Unidad en medio mismo de la dualidad. No solo sabe que Él es Uno con todo, sino que también Él es el Único, el Uno. Desciende conscientemente desde el estado en el que es Dios al estado en el que experimenta a Dios en todas las cosas. Por lo tanto, sus relaciones en el mundo de la dualidad no solamente no lo atan, sino que también reflejan la gloria más pura de la Realidad única, la cual es Dios, y contribuyen a liberar a los demás de su estado de esclavitud.