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La Realización de Dios

Discursos

La Realización de Dios

Realizarse a Sí Mismo es realizar a Dios

Llegar al conocimiento de Sí Mismo es alcanzar la realización de Dios. La realización de Dios es un estado único de consciencia. Es diferente de todos  los otros estados de consciencia porque todos los otros estados de la consciencia son experimentados a través de la mente individual, mientras que el estado de consciencia de Dios no depende de la mente individual o de cualquier otro medio. Siempre se necesita un medio para conocer aquello que no es el verdadero Ser, pues para conocer a este último no se necesita medio alguno.

De hecho, la asociación de la consciencia con la mente es un obstáculo más que una ayuda para obtener la Realización. La mente individual es el asiento del ego, donde se asienta el pequeño yo, esto es lo que nos da  la consciencia de estar separados,  de sentirnos separados, de estar aislados. Esta mente individual crea la individualidad limitada que, a la vez, alimenta y es alimentada por la ilusión de la dualidad, por la idea del tiempo y del cambio. De modo que, a fin de conocer al verdadero Ser como realmente es, la consciencia tiene que librarse por completo de la limitación de la mente individual. En otras palabras, la mente individual tiene que desaparecer, pero la consciencia debe ser retenida.

La consciencia y la mente se entrelazan

A través de la historia pasada de la vida del alma, su consciencia ha crecido junto con la mente individual, y todas las operaciones de la consciencia han tenido lugar sobre el trasfondo de la mente individual. Por lo tanto, la consciencia llegó a incrustarse firmemente en la mente individual, sin poder librarse de este engaste en el que fue fuertemente entrelazada, atrapada. El resultado de esto es que, si la mente se aquieta, también desaparece la consciencia. Este entretejido de la mente individual y la consciencia es ampliamente ilustrado por la tendencia a volverse inconsciente cuando se hace cualquier esfuerzo para detener la actividad mental por medio de la meditación.

Una explicación sobre el dormir

El fenómeno diario del dormir no difiere en esencia de ese intervalo de calma que experimentamos durante la meditación, pero es ligeramente distinto en su origen. La mente individual se halla en incesante conflicto puesto que se enfrenta continuamente con el mundo de la dualidad, con esa realidad dual y falsa, ilusoria  y cuando se cansa de esta lucha sin cuartel, quiere perder su identidad como ente separado y regresar al Infinito. Entonces se retira del mundo que ella misma se ha creado y experimenta un intervalo de calma, acompañado también invariablemente por el cese de la consciencia.

La reanudación de la vigilia

El aquietamiento de la actividad mental mientras dormimos implica la completa sumersión de la consciencia, la consciencia se aquieta completamente,  pero este cese de la vida mental y del funcionamiento de la consciencia, del funcionamiento  consciente es sólo temporario porque los sanskaras, las impresiones mentales  almacenadas en la mente comienzan a estimularla nuevamente  para que renueve sus actividades. Poco tiempo después, estos estímulos psíquicos provocados por las  impresiones agitan la mente y así reviven la función consciente, la cual se restablece a través de este medio. De modo que al lapso durante el cual dormimos, le sigue otro durante el cual estamos despiertos, y a este período lo sigue otro durante el cual dormimos, de conformidad con la ley de actividad y descanso alternados. Sin embargo, mientras las impresiones latentes de la mente no desaparezcan por completo, no hay una aniquilación final de la mente individual, de la mente egoísta, no hay una emancipación de la consciencia, la mente no se libera. La mente se olvida temporariamente de su identidad cuando dormimos, pero no pierde finalmente su existencia individual. Cuando la persona despierta, se encuentra nuevamente sujeta a sus viejas limitaciones. La consciencia resurge, pero la mente aún la domina, sigue atrapada en ella.

El obstáculo del ego

La mente limitada es el  área, es la zona donde el ego echa seguras raíces, y perpetúa la ignorancia mediante las muchas ilusiones que lo tienen atrapado. El ego impide que el conocimiento de la infinitud, que el conocimiento infinito, que ya está latente en el alma, se ponga de manifiesto, y es el más formidable obstáculo para realizar a Dios. Acertadamente, un poema persa dice: “Es sumamente difícil traspasar el velo de la ignorancia, pues el fuego está tapado por una piedra”. Así como la llama no puede elevarse mucho si le ponemos una piedra encima, de igual manera el deseo de conocer nuestra propia naturaleza, nuestra verdadera naturaleza  no puede conducirnos hacia la Verdad mientras el peso del ego permanezca sobre la consciencia.

Resulta imposible que logremos encontrar a nuestro propio Ser mediante la continuidad del ego, pues este persiste a lo largo de toda la travesía del alma. En la vejez, un dolor de muela puede provocar indecibles trastornos porque no es fácil extraerla, aunque esté floja en su alvéolo. Del mismo modo, el ego, que se vuelve débil a través del amor, a través del esfuerzo, a través de la  penitencia, es sin embargo difícil de erradicar. Persiste hasta el final. Aunque se afloje a medida que el alma avanza por el sendero, subsistirá hasta la última etapa, hasta el séptimo plano.

La dificultad de vencer al ego

El ego es el centro de toda actividad humana. Los intentos del ego para obtener su propia extinción podrían compararse con el intento de una persona que pretende pararse sobre sus hombros. Así como el ojo no puede verse, de igual manera el ego es incapaz de poner fin a su propia existencia. Aún más, aumenta con los esfuerzos que él realiza para su propia autodestrucción, para su propio  aniquilamiento. Florece con los mismísimos esfuerzos que emprende contra sí mismo. De manera que es incapaz de desaparecer por completo mediante su propia actividad desesperada, aunque logre así transformar su propia naturaleza. La desaparición del ego es condicionada por la disolución de la mente limitada, en la cual el ego asienta su existencia.

Un paralelo entre dormir y realizar a Dios

El problema de la realización de Dios es el de emancipar a la consciencia, es el de liberar a la consciencia  de las limitaciones de la mente. Cuando la mente individual se disuelve, todo el universo relacionado con la mente desaparece en la nada, y la consciencia ya no está atada a nada. La consciencia es ahora ilimitada, sin nada que  la oscurezca, y cumple la finalidad de iluminar el estado de Realidad última, de la Realidad infinita. Mientras el alma está inmersa en la dicha de la Realización, se olvida por completo de imágenes, sonidos, de los objetos que forman el universo. En este sentido, semeja el sueño profundo, pero hay muchos e importantes puntos de diferencia entre la realización de Dios y el sueño profundo.

La ilusión del universo desaparece cuando dormimos, pues toda la consciencia queda en suspenso, pero no experimentamos a Dios conscientemente, porque esto exige que el ego se disuelva por completo y que la plena consciencia se vuelva completamente hacia la última Realidad, hacia la Verdad. En ocasiones, cuando la continuidad de nuestro sueño profundo se interrumpe durante breves intervalos, podemos sentir que retenemos la consciencia sin ser conscientes de nada en particular. Hay consciencia, pero no hay consciencia del universo. Es consciencia de la nada. Estas experiencias son análogas a las de la realización de Dios, en el hecho de que la consciencia se liberó completamente de la ilusión del universo y pone de manifiesto el conocimiento infinito oculto detrás del ego.

La diferencia entre dormir y realizar a Dios

La mente individual continúa existiendo durante el sueño profundo, aunque se haya olvidado de todo, e incluso de sí misma, y las impresiones latentes en la mente crean un velo entre la consciencia sumergida y la Realidad infinita. De manera que, cuando la persona duerme, la consciencia está sumergida en el caparazón de la mente individual, pero aún no puede escapar de la jaula de la mente individual. Aunque el alma se olvidó de su separación de Dios y alcanzó realmente la unidad con Él,  con Dios, no es consciente de esta unidad. Sin embargo, al realizar a Dios, la mente no sólo se olvida de sí misma, sino que también perdió realmente su identidad, y junto con esta identidad, todas sus impresiones. La consciencia, que hasta aquí se asociaba con la mente individual, quedó ahora libre, sin ningún condicionamiento y estableció contacto directo con la última Realidad, estableciendo de esta manera la   unidad con la verdad. Puesto que ahora no existe el velo entre la consciencia y la Realidad, la consciencia se fusiona con el Absoluto y permanece eternamente en él como un aspecto inseparable, promoviendo un interminable estado de conocimiento infinito y de dicha ilimitada.

La realización de Dios es un logro personal

Sin embargo, la manifestación del conocimiento infinito y de la dicha ilimitada en la consciencia, está estrictamente confinada al alma que logró realizar a Dios. La Realidad infinita en el alma que realizó a Dios posee el conocimiento explícito de su propia infinitud. Este conocimiento explícito no lo experimenta el alma que no se Realizó, la cual está aún sujeta a la ilusión del universo. De manera que, si la realización de Dios no fuera un logro personal del alma, todo el universo tocaría su fin tan pronto cualquier alma lograra realizar a Dios. Esto no sucede porque la realización de Dios es un estado personal de consciencia, que pertenece al alma que trascendió el campo de la mente. Las demás almas siguen estando en la esclavitud, siguen estando atadas a la ilusión y sólo podrán obtener la Realización librando su consciencia de la carga del ego, liberando su consciencia  de las limitaciones de la mente individual, de la mente egocéntrica. De ahí que el logro de la realización de Dios tenga significado solamente para el alma que emergió del proceso del tiempo.

Se pone de manifiesto lo que estaba latente en el Infinito

Después de alcanzar la realización de Dios, el alma descubre que siempre ha sido la Realidad infinita que ahora sabe que ella es, y que en realidad fue una ilusión el hecho de que se considerara finita, incompleta durante el período de su evolución y el  avance espiritual. El alma también descubre que el conocimiento y la dicha infinitos que ahora disfruta también han estado latentes en la Realidad infinita desde el inicio mismo del tiempo, y que simplemente se pusieron de manifiesto en el momento de la Realización. De manera que la persona que realizó a Dios no se vuelve realmente algo diferente de lo que era antes de la Realización. Sigue siendo lo que ella era, y la única diferencia que la Realización opera en ella es que anteriormente no conocía conscientemente su verdadera naturaleza, y ahora sí la conoce. Sabe que nunca fue otra cosa que lo que ahora sabe que ella es, y que todo lo que le sucedió fue tan sólo el proceso tendiente al encuentro consigo misma.

Dos tipos de beneficios

Todo el proceso tendiente a lograr la realización de Dios es solamente un juego en el que el comienzo y el final son idénticos. No obstante, lograr la realización de Dios es un claro beneficio para el alma. Hay dos tipos de beneficios: uno consiste en conseguir lo que antes no poseíamos, y el otro en comprender plenamente lo que realmente somos. La realización de Dios pertenece al segundo tipo de beneficios. Sin embargo, esto crea una diferencia infinita entre el alma que logró realizar a Dios y la que aún no lo consiguió. Aunque el alma que realizó a Dios no posea nada nuevo, su conocimiento explícito de todo lo que ella realmente es, ha sido y será para siempre, hace que la realización de Dios sea importantísima, de un valor inusitado. El alma que no realizó a Dios se siente finita, y los opuestos de las efímeras alegrías y pesares la perturban constantemente. Pero el alma que se Realizó se desprendió de todos esos opuestos y experimenta el conocimiento infinito y la felicidad  ilimitada de ser consciente de Dios.

El valor de la realización de Dios

Al realizar a Dios, el alma abandona a su consciencia separada,  trasciende la dualidad en el conocimiento permanente de su identidad con la última Realidad, la Realidad infinita. Rompió las cadenas de la individualidad limitada, el mundo de las sombras terminó, y el telón de la Ilusión cayó para siempre. La tranquilidad y la dicha de la consciencia de la Verdad reemplazan las búsquedas febriles y angustiosas de la consciencia limitada. La intranquilidad y la furia de la existencia temporal se consumen en la paz, en la  quietud de la Eternidad.