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Amor

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Amor

El amor inunda el universo

La vida y el amor son inseparables. Donde hay vida, hay amor. Incluso la consciencia más rudimentaria, más primitiva procura desprenderse de sus limitaciones para experimentar algún tipo de unión, de fusión con otras formas. Aunque cada forma esté separada de otras, en realidad, todas son formas de la misma unidad, que es la vida. El sentido latente de esta realidad interior oculta se hace sentir indirectamente, incluso en el mundo de la ilusión, mediante la atracción que una forma tiene por otra.

El amor en la naturaleza inanimada, inerte.

La ley de la gravedad, a la que todos los planetas y estrellas están sujetos es, de alguna manera, un pálido reflejo, un tenue reflejo del amor que impregna todas y  cada una de las partes del universo. Incluso las fuerzas de repulsión, en verdad son expresiones del amor, ya que las cosas, los objetos, se repelen unos de otros, porque se sienten atraídas más fuertemente por algunas otras cosas. La repulsión es una consecuencia negativa de la atracción positiva. Las fuerzas de cohesión, las fuerzas de unión y afinidad que prevalecen en la constitución misma de la materia son expresiones positivas del amor. Un ejemplo notable, explícito de amor a este nivel se ve en la atracción que ejerce el imán sobre el hierro. Todas estas formas de amor son del tipo más bajo, ya que forzosamente están condicionadas por la consciencia rudimentaria, muy poco evolucionada, en la que actúan, en la que aparecen.

Amor en el reino animal

En el mundo animal, el amor se hace más explícito y toma la forma de impulsos conscientes que se ven dirigen hacia diferentes objetos en su entorno. Este amor es instintivo y adquiere la forma de gratificar diferentes deseos mediante la apropiación del objeto elegido, del objeto adecuado. Cuando el tigre busca devorar al ciervo, en un sentido muy real, está enamorado del ciervo. La atracción sexual es otra forma de amor en este nivel. Todas las expresiones de amor en esta etapa tienen algo en común, concretamente, todas buscan satisfacer algún impulso, algún deseo corporal a través del objeto de amor.

El amor humano debe ajustarse a la razón

El amor de los seres humanos es muy superior  a todas estas manifestaciones inferiores del amor debido a que son precisamente los seres humanos los que están dotados de una consciencia plenamente desarrollada, enteramente desarrollada. Si bien el amor humano ofrece en cierto modo, una continuidad con las formas pre-humanas  de amor, se diferencia mucho de éstas,  ya que a partir de la fase humana opera  un nuevo factor, que es la razón, la razón humana. El amor, muchas veces en el plano humano se manifiesta como una fuerza divorciada de la razón y corre paralelamente a ésta. A veces se manifiesta como una fuerza que se entremezcla con la razón y entra en conflicto con ella. Por último, se expresa como parte de un todo armonizado donde el amor y la razón se han equilibrado y fusionado en una unidad integral.

Tres combinaciones entre el  amor y la razón

De este modo el amor humano puede entrar en tres tipos distintos de combinación con la razón. En el primer tipo, la esfera del pensamiento y la esfera del amor se mantienen lo más separadas posible; es decir, la esfera del amor es prácticamente inaccesible para el funcionamiento de la razón, y al amor se le permite poco o nulo acceso a los objetos del pensamiento, permanecen disociados. La separación completa entre estos dos aspectos del espíritu es, por supuesto, imposible; pero cuando hay un funcionamiento alternado del amor y la razón, oscilando en diferente manera en su predominio hay un amor no iluminado por la razón, o una razón no animada por el amor. En el segundo tipo de combinación entre  el amor y la razón, ambos  operan simultáneamente, pero sin armonía entre ellos. Pese a la confusión que este conflicto entre el amor y la razón generan, constituyen una fase  previa para alcanzar un estado superior en el que se va producir una auténtica síntesis entre el amor y la razón. Cabe destacar que esta es una fase necesaria en este proceso de desarrollo.  En el tercer tipo de amor, esta síntesis entre el amor y la razón es un hecho, está  consumado, con el resultado de que tanto el amor como la razón se han transformado completamente, y de esta manera logran  precipitar la aparición de un nuevo nivel de consciencia que, comparado con la consciencia humana ordinaria, cotidiana, normal, se describe  como un estado se supra-consciencia, un estado de conciencia más expansivo, desarrollado, elevado.

Variedad cualitativa en el amor

El amor humano aparece en la matriz de la consciencia del ego, en el cual se pueden observar innumerables deseos. El amor se colorea por estos factores de muchas formas. Así como obtenemos una variedad de diseños siempre cambiantes en un caleidoscopio por las diversas combinaciones de elementos simples, encontramos una variedad cualitativa casi ilimitada en el rango del amor, debido a las combinaciones innovadoras de diferentes factores psíquicos, mentales; y así como hay matices de  infinitos colores en diferentes flores, también hay diversas diferencias sutiles en el amor humano.

Formas inferiores de amor

El amor humano está acotado por una serie de factores obstructivos tales como la pasión, la lujuria, la codicia, la ira y los celos. En cierto sentido, incluso estos factores obstructivos son formas de amor inferior o los inevitables resultados secundarios de estas formas inferiores de amor. La pasión, la lujuria y la codicia pueden considerarse formas pervertidas e inferiores de amor. En la pasión, la persona se enamora de un objeto sensual; en la lujuria, desarrolla un ansia de sensaciones en relación con este objeto, y en la codicia, desea poseer este objeto. De estas tres formas inferiores de amor, la codicia tiene la tendencia de extenderse del objeto original hacia los medios para poder obtenerlo. Así, la gente se vuelve codiciosa por el dinero, el poder o la fama, los cuales  pueden ser los instrumentos para poseer a los diferentes objetos que se desean. La ira y los celos surgen cuando estas formas inferiores de amor se frustran, o aparece la posibilidad de amenaza de  frustración.

Lo inferior es enemigo de lo superior

Estas formas inferiores de amor obstruyen el libre despliegue de este amor puro. La corriente de amor jamás será cristalina, pura y constante hasta que se desligue de estas formas limitantes y pervertidas del amor inferior. Lo inferior es enemigo de  lo superior. Si la consciencia está atrapada en el pulso de lo inferior, en el ritmo de lo inferior, no puede emanciparse, no puede liberarse de estos estancamientos auto-creados, siendo difícil salir de ellos para avanzar más. Así, la forma inferior del amor continúa interfiriendo con el desarrollo de las formas más elevadas, más sofisticadas, más delicadas y tiene que ser abandonada para permitir la aparición irrestricta de estas formas más elevadas de amor.

El amor y la pasión

La aparición del amor elevado desde la matriz del amor inferior se facilita por el ejercicio constante de la discriminación, del analisis. Por ende, el amor se debe distinguir cuidadosamente de los factores obstructivos de la pasión, la lujuria, la codicia y la ira. En la pasión, la persona es víctima pasiva del hechizo de la atracción que concibió por parte del objeto. En el amor, hay una apreciación activa del valor intrínseco del objeto de amor.

El Amor y la  lujuria

El amor también es diferente de la lujuria, es distinto. En la lujuria se depende del objeto de los sentidos y por consiguiente hay una subordinación espiritual del alma a éste, pero el amor coloca el alma en relación directa y coordinada con la realidad que existe detrás de la forma. Por ende, la lujuria se experimenta como pesada y el amor se experimenta como ligero. En la lujuria hay un estrechamiento de la vida y en el amor hay una expansión del ser. Amar a un alma es como agregar su vida a la propia. La vida de uno, por así decir, se multiplica para vivir virtualmente en dos centros. Si se ama al mundo entero, se vive vicariamente en el mundo entero; pero en la lujuria hay una disminución de vida y una sensación general de dependencia desesperanzada, vacía de una forma que se considera como otra. De esta manera, en la lujuria se acentúa la separación y el sufrimiento, mientras que en el amor hay una sensación de unidad y alegría. La lujuria es disipación, dispersión, el amor es recreación. La lujuria es el ansia de los sentidos, el amor es la expresión del espíritu. La lujuria busca la plenitud, pero el amor experimenta la plenitud. En la lujuria hay excitación, pero en el amor hay tranquilidad.

El amor y la codicia

El amor se distingue también de la codicia. La codicia es la posesividad en todas sus formas densas y sutiles. Porque persigue la posesión no sólo de las cosas densas y las personas, sino también de cosas abstractas e intangibles como la fama y el poder. En el amor, no hay duda sobre el hecho de la incorporación de  la otra persona a nuestra propia vida, a nuestra individualidad, con lo cual se produce un brote libre y creador, que anima y calma al ser del amado, independientemente de cualquier recompensa. Entonces nos encontramos ante la paradoja de que la codicia, que persigue la posesión de otro objeto, nos lleva en realidad exactamente a lo contrario, porque pone al ser bajo la tutela de ese objeto; mientras que el amor, que intenta entregarse al objeto, de hecho, nos lleva a la incorporación espiritual del amado al ser mismo del amante. En la codicia, el ser intenta poseer al objeto, pero acaba siendo poseído por el objeto. En el amor, el ser se ofrece al amado sin reservas, pero en ese mismo acto, encuentra que ha incorporado al amado en su propio ser.

El amor puro despierta mediante la gracia

La pasión, la lujuria y la codicia constituyen un padecimiento espiritual que a menudo se hace más virulento por los síntomas agravantes de la ira y los celos. En agudo contraste, el amor puro es la flor de la perfección espiritual. El amor humano está tan restringido por estas condiciones limitantes, por estos obstáculos que la aparición espontánea del amor puro desde el interior se vuelve imposible. De esta manera, cuando tal amor puro surge en el aspirante, siempre es un don, un regalo. El amor puro surge en el corazón del aspirante en respuesta al descenso de la gracia del Maestro. Cuando el amor puro se recibe por primera vez como don del Maestro, se aloja en la consciencia del aspirante, del discípulo como una semilla en tierra fértil, y con el curso del tiempo la semilla se convierte en planta, para luego convertirse  en árbol, un árbol plenamente maduro.

Preparación espiritual para recibir la gracia 

Sin embargo, el descenso de la gracia del Maestro está condicionada por la preparación espiritual preliminar del discípulo. Esta preparación espiritual preliminar para recibir la gracia nunca se completa hasta que el aspirante incorpora algunos atributos divinos a su constitución mental, a su constitución psíquica. Cuando una persona evita la calumnia y piensa más en los atributos positivos de los demás que en sus atributos negativos, y cuando puede practicar la tolerancia suprema, ​​deseando el bien de otros, aún a costa de su propio ser, está lista para recibir la gracia del Maestro. Uno de los mayores obstáculos que impide la preparación espiritual del aspirante es la preocupación. Cuando con un esfuerzo supremo, el obstáculo de la preocupación se ha superado, el camino se abre para cultivar los atributos divinos que constituyen la preparación espiritual del discípulo. Tan pronto como el discípulo está listo, la gracia del Maestro desciende, porque el Maestro, siendo el océano del amor divino, siempre está en búsqueda del alma en la que pueda fructificar, crecer y desarrollar su gracia.

El amor puro es muy raro

El tipo de amor que se despierta por la gracia del Maestro es un raro privilegio. La madre que está dispuesta a sacrificar todo y morir por su hijo, y el mártir que renuncia a la vida propia por su país, son en verdad supremamente nobles, pero no necesariamente han probado el amor puro que nace mediante la gracia del Maestro. Incluso los grandes yoguis con largas barbas que, sentados en cuevas y montañas, están completamente absortos en samadhi profundo, no necesariamente han probado este preciado amor.

El amor puro es la mejor disciplina

El amor puro que se despierta por la gracia del Maestro es más valioso que cualquier otro estímulo que pueda ser utilizado por el aspirante. Tal amor no sólo combina en sí mismo los méritos de todas las disciplinas, sino que las supera en su eficacia para conducir al aspirante a su objetivo. Cuando nace este amor, el aspirante sólo tiene un deseo, el deseo de unirse con el Amado Divino. Retirar la consciencia de esta manera, de todos los demás deseos, conduce a una pureza infinita; por consiguiente, nada purifica al aspirante más completamente que este amor. El aspirante siempre está dispuesto a ofrecer todo por el Amado Divino, y ningún sacrificio es demasiado difícil para él. Todo pensamiento se aparta del ser propio para centrarse exclusivamente en el Amado Divino. Por la intensidad de este amor siempre creciente, finalmente se libera de las cadenas del ser, y se une con el Amado. Ésta es la consumación del amor. Cuando el amor encuentra así su fructificación, se vuelve divino.

El amor divino es más elevado que el amor humano

El amor divino es cualitativamente diferente del amor humano. El amor humano es para los muchos en el Uno y el amor divino es para el Uno en los muchos. El amor humano conduce a innumerables complicaciones y enredos, mientras que el amor divino conduce a la integración y a la libertad. En el amor divino, los aspectos personales e impersonales están equitativamente equilibrados, mientras que en el amor humano, ambos aspectos se alternan en dominancia. Cuando el aspecto personal predomina en el amor humano, lleva a una ceguera absoluta del valor intrínseco de otras formas. Cuando, como en el sentido del deber, el amor es predominantemente impersonal, la persona a menudo se vuelve fría, rígida y mecánica. El sentido del deber se vive por el individuo como una restricción externa sobre el comportamiento; mientras que, en el amor divino, hay libertad irrestricta y espontaneidad ilimitada. El amor humano es limitado en sus aspectos personales e impersonales, mientras que el amor divino, al fusionar lo personal y lo impersonal, es infinito en ser e infinito en  expresión.

En el amor divino el amante se une con el Amado

Incluso el tipo más elevado de amor humano está sujeto a la limitación de la naturaleza individual que persiste hasta el séptimo plano. El amor divino surge después de la desaparición de la mente individual y está libre de las restricciones de la individualidad, de la naturaleza individual. En el amor humano la dualidad del amante y el amado persiste, pero en el amor divino, el amante y el Amado se funden, se vuelven uno. En esta etapa, el aspirante ha salido del dominio de la dualidad y se ha vuelto uno con Dios, pues el amor divino es Dios. Cuando el amante y el Amado son uno, ése es el final y el comienzo.

El universo surgió en aras del amor

El universo entero surgió por amor, y por amor continúa existiendo. Dios desciende al reino de la ilusión porque la aparente dualidad entre el Amado y el amante, a la larga contribuye a Su goce, a su dicha, a su felicidad consciente de Su propia divinidad. El desarrollo del amor se condiciona y sustenta por la tensión de la dualidad. Dios debe sufrir una diferenciación aparente en la multiplicidad de las almas, para poder continuar el juego del amor. Todas son Sus propias formas y en relación a ellas, Él a la vez asume el papel de Amante Divino y Amado Divino. Como Amado, Él es el último y verdadero objeto de su apreciación, de su valoración. Como Amante Divino, Él es su verdadero y último salvador, atrayéndolas de regreso hacia Sí Mismo. Así, aunque el mundo entero de la dualidad es sólo una ilusión, dicha ilusión ha surgido por un propósito significativo, un propósito importante. Esa ilusión surge para un fin que posee un significado.

La dinámica del amor

El amor es el reflejo de la unidad de Dios en el mundo de la dualidad. Si se excluye al amor de la vida, todas las almas que hay en el  mundo serán ajenas a las demás, serán ajenas entre sí y cualquier contacto en un mundo desprovisto de amor, solo puede ser superficial y mecánico. En efecto, sólo mediante el amor pueden los contactos y las relaciones   entre las almas individuales llegar adquirir algún significado. Es el amor el que les da sentido y valor a todos lo que sucede en el mundo del  dualismo. Pero, aunque  el amor proporciona un sentido al mundo de la dualidad, a la vez representa un desafío permanente a la dualidad. A medida que el amor se fortalece provoca  una inquietud de creación, y se convierte en la fuerza  principal de esa dinámica espiritual, que consigue en última instancia restablecer la consciencia de la unidad original del ser.