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Tipos de Meditación. Parte V Meditaciones Especializadas Personales

Discursos

Tipos de Meditación. Parte V Meditaciones Especializadas Personales

Clases de meditación especializada

En la Tercera Parte se ha visto que la meditación especializada es de tres clases: 1) la meditación sobre los objetos de la experiencia; 2) la meditación sobre el sujeto de la experiencia; y 3) la meditación sobre las operaciones mentales. Estas tres clases de meditación están muy entrelazadas unas con otras. El sujeto de la experiencia, los objetos de la experiencia y las diferentes operaciones mentales que surgen como resultado de su interacción, se hallan inextricablemente entretejidos en su totalidad. De modo que estas tres clases de meditación no son muy definidas ni exclusivas, sino que a menudo se superponen unas a otras.

De manera que la meditación sobre los objetos de la experiencia puede referirse a menudo al sujeto de la experiencia, y también a las diversas operaciones mentales implícitas en ella. La meditación sobre el sujeto de la experiencia puede referirse a menudo a las diversas operaciones mentales y a los objetos hacia los cuales estas operaciones mentales se dirigen. Y la meditación sobre las diversas operaciones mentales puede a menudo referirse tanto al sujeto como a los objetos de la experiencia. Sin embargo, cada clase de meditación sigue siendo en un sentido distinta debido a algún factor predominante. De ahí que la primera clase de meditación siga siendo predominantemente sobre los objetos de la experiencia, la segunda clase de meditación sobre el sujeto de la experiencia, y la tercera clase sobre las diversas operaciones mentales.

Tabla de enumeración y clasificación

Además, cada una de estas tres clases de meditación puede dividirse en numerosas formas específicas de acuerdo con el contenido de la meditación y con la manera con la que se la lleva a cabo. De estas numerosas formas de meditación especializada sólo es necesario mencionar las que son representativas o importantes. En la Tabla anterior se describen doce formas de meditación especializada.

La meditación personal y la meditación impersonal

Hay que señalar que, de estas doce formas de meditación especializada, las cuatro primeras son formas de meditación personal y las ocho restantes, de meditación impersonal. La meditación es personal cuando trata sobre una persona, y es impersonal cuando trata sobre aspectos de la personalidad humana o de algo que está fuera del campo de la personalidad humana como se la entiende habitualmente. Las formas de meditación especializada que son personales serán explicadas una por una en esta Parte, y las formas de meditación especializada que son impersonales serán explicadas una por una en la  Parte Seis.

Ventajas especiales de la meditación personal

La meditación personal tiene algunas claras ventajas sobre la meditación impersonal. La meditación personal es fácil y alegre para los principiantes, mientras que la meditación impersonal suele considerársela árida, difícil, compleja, a menos que la persona tenga una aptitud especial para este tipo de meditación. Además, las formas de meditación impersonal son principalmente disciplinas para la mente, disciplinas para  el intelecto, mientras que las formas de meditación personal son no sólo disciplinas para la mente y para el intelecto, sino que también trabajan sobre el corazón, avivan al corazón. En la Perfección espiritual la mente y el corazón tienen que estar plenamente desarrollados y plenamente equilibrados. Por lo tanto, tiene especial importancia la meditación personal, que ayuda a desarrollar y equilibrar la mente y el corazón. La meditación impersonal es especialmente fructífera y eficaz cuando el sadak, el aspirante al conocimiento se preparó debidamente mediante formas de meditación personal.

La meditación sobre los seres espiritualmente perfectos

La meditación personal es orientada hacia quienes son espiritualmente perfectos. Así como quien admira el carácter de Napoleón por ejemplo y piensa constantemente en él tiende a parecérsele, el aspirante al conocimiento  que admira a quien es espiritualmente perfecto y piensa constantemente en esa persona, tiende a llegar a ser espiritualmente perfecto. Un objeto adecuado para la meditación personal es un Maestro o el Avatar (ya sea que esté en el cuerpo o no). Es importante que el objeto de la meditación sea espiritualmente perfecto. Si sucede que el individuo escogido es espiritualmente imperfecto, es muy posible que las flaquezas de esta persona que aun no completó el sendero y tiene imperfecciones, se filtren en la mente del aspirante que medita sobre ella. El aspirante ha seguido el camino seguro, el camino acertado si la persona que escogió para meditar es un ser perfecto, espiritualmente perfecto.

La meditación sobre las cualidades divinas del Maestro

La meditación personal suele comenzar con la admiración que el aspirante siente espontáneamente hacia alguna cualidad divina que él ve en un Maestro. Cuando el aspirante enfoca su mente en las cualidades divinas expresadas en la vida del Maestro, él las embebe, las toma  en su propio ser. En definitiva, el Maestro está más allá de toda cualidad, sea buena o sea mala, el Maestro está más allá. No está atado a ninguna de ellas. Las cualidades que él muestra, mientras interactúa con la vida que lo rodea, son en su totalidad diferentes aspectos de la divinidad en acción, y la expresión de la divinidad mediante estas cualidades es un instrumento que ayudará a quienes las reciben con aprecio.

El tener en cuenta y valorar la divinidad percibida en el Maestro da origen a formas de meditación en las que el sadak piensa constante y empeñosamente en el Maestro como una encarnación de cualidades, cualidades tales como el amor universal, el total desapego, la  ausencia del ego, la firmeza, el conocimiento infinito y la acción desinteresada. A veces la mente se centra en alguna de estas cualidades por separado, otras veces prefiere meditar sobre una combinación de cualidades que reflejan sus interrelaciones. Esta forma de meditación es muy valiosa cuando es espontánea, natural. Esto lleva a tener una mayor comprensión del Maestro y poco a poco remodela al aspirante a semejanza del Maestro, contribuyendo así a que se prepare personalmente para realizar la Verdad.

La concentración en la forma del Maestro

Cuando se hace hincapié sobre las cualidades del Maestro, a menudo esto facilita la concentración en la forma del Maestro. En este tipo de meditación, el aspirante es consciente de la Perfección espiritual del Maestro y fija espontáneamente su atención en la forma del Maestro, sin analizar su Perfección espiritual en cuanto a las cualidades que la componen. Sin embargo, aunque estas cualidades no son revividas de forma separada en la mente, todo lo que el sadak, el aspirante a la verdad pueda haber comprendido de ellas (mediante meditación preparatoria sobre las diversas cualidades del Maestro) constituye el trasfondo implícito de esta concentración unidireccional y de esta manera contribuye a tornarla eficaz y valiosa. Esta forma de meditación implica identificar totalmente al Maestro con el ideal espiritual.

La meditación del corazón

Identificar completamente al Maestro con el ideal espiritual hace que se eliminen todas las barreras que pudieran existir entre el sadak y el Maestro. Esto da origen a que afluya un amor intenso, desenfrenado hacia el Maestro y esto induce a la meditación del corazón, la cual consiste simplemente  en pensar constantemente en el Maestro con una corriente de amor  ininterrumpida y no limitada. Este amor aniquila, destruye la ilusión de separación, la cual parece trazar una división entre el sadak y el Maestro, y posee una espontaneidad que virtualmente no tiene paralelo con otras formas de meditación. En sus etapas finales, la meditación del corazón se acompaña con una alegría sin límites y un profundo olvido de sí mismo, de uno mismo.

Modos de meditar sobre la acción

El amor al Maestro genera una creciente identificación con él, por lo que el aspirante desea vivir en el Maestro y para el Maestro, ya no quiere vivir para su menguado y su propio yo. Esto induce la meditación sobre la acción. Los modos iniciales para poder meditar sobre la acción suelen tener algunas formas, que pueden ser las siguientes: 1) el aspirante ofrenda mentalmente al Maestro todo lo que existe en él, renunciando pues a todo lo bueno o todo lo malo que posee. Esto lo libra de los ingredientes tanto buenos como malos del ego y le ayuda al aspirante no sólo a trascender estos opuestos sino también a encontrar una integración duradera y verdadera con el Maestro. 2) El aspirante se ofrece voluntariamente para servir al Maestro o a la causa de éste. Trabajar para el Maestro con un espíritu desinteresado de servicio es tan bueno como la meditación. 3) El aspirante no permite que el ego se nutra con ningunos de sus actos, ya sean pequeños o grandes, buenos o malos. El no piensa: “Yo hago esto” sino que, por el contrario, piensa sistemáticamente que, por medio de él, el Maestro está haciendo realmente todo lo que el aspirante hace.

Por ejemplo, cuando mira, piensa: “El Maestro está mirando”; cuando come, piensa: “El Maestro está comiendo”; cuando duerme, piensa: “El Maestro está durmiendo”; y cuando maneja un auto, piensa: “El Maestro está manejando”. Aún cuando haga algo mal, piensa: “El Maestro está haciendo esto”. De manera que se desliga totalmente de sus acciones, y todo lo que hace lo relaciona directamente con el Maestro. Esto automáticamente implica que decida cada acción a la luz del ideal espiritual tal como es contemplado en el Maestro.

Cuatro formas de meditación personal que representan etapas ascendentes 

Las cuatro formas de meditación personal sobre el Maestro representan cuatro etapas ascendentes principales: 1) percibir el ideal espiritual en el Maestro; 2) concentrarse en el Maestro como una encarnación de este ideal espiritual; 3) amar al Maestro como una manifestación del ideal espiritual; y 4) expresar en la propia vida el ideal espiritual que se percibe en el Maestro. La meditación personal sobre el Maestro contribuye en última instancia, en sus diferentes formas, a liberar la vida creativa de la completud espiritual. La meditación sobre el Maestro es una meditación sobre el ideal vivo, no sobre un  concepto plano, solo un concepto de la Perfección. Por lo tanto, genera un gran poder, un poder  dinámico, vital  que al final, permite que el aspirante una el abismo existente entre la teoría y la práctica, y unifique en su propia vida el ideal espiritual con la actividad diaria, con su actividad cotidiana. Vivir una vida inspirada, vivir una vida iluminada por el ideal espiritual, como el encarnado en el Maestro, es la culminación de todas las formas de meditación personal.