<>
Índice

Las Capacidades del Peregrino. Parte II Algunas Cualidades Divinas

Discursos

Las Capacidades del Peregrino

Parte II
Algunas Cualidades Divinas

Las capacidades necesarias para la vida espiritual están interconectadas

Si la vida interior del peregrino ha de ser armoniosa e iluminada, tiene que desarrollar y expresar muchas cualidades divinas mientras se dedica a sus deberes diarios. Cada cualidad tal vez no parezca extremadamente importante por sí sola, pero es un error considerarla independientemente de su necesaria relación con otras capacidades o cualidades importantes. En la vida espiritual, estas cualidades se complementan y apoyan entre sí, y su interconexión es tan vital que ninguna de ellas puede ser ignorada por completo sin detrimento de muchas otras cualidades esenciales. Por ello, considerada cada una de estas cualidades divinas en su verdadera función resulta ser absolutamente indispensable para una vida plena.

La paciencia y la persistencia

Toda persona es legítima heredera de la Verdad. Pero quien la herede deberá estar espiritualmente preparado para ello, y esta preparación espiritual a veces tarda varias vidas de esfuerzo paciente y constante. Por lo tanto, uno de los primeros requisitos del aspirante es que debe combinar indefectible entusiasmo con inquebrantable paciencia. Una vez que el individuo está determinado a realizar la Verdad, descubre que son muchas las dificultades que lo acosan en su sendero, y son muy pocos los que persisten firme y valientemente hasta el final. Es fácil renunciar al esfuerzo cuando nos enfrentamos con obstáculos.

Un ejemplo de esto podría ser la historia de un hombre de Puna, en la India, quien una vez leyó un libro sobre espiritualidad que lo impresionó tan profundamente que sintió el impulso de renunciar a todo. Se fue de Puna y se dirigió hacia un bosque cerca de la ciudad, se sentó bajo un árbol con sus cuentas de oración en una mano, y empezó a repetir el nombre de Dios. Siguió haciendo esto durante todo el día, a pesar de las muchas molestias que sentía y de que su entusiasmo comenzaba a disminuir. Cuando cayó el sol oyó por todos lados los rugidos y gruñidos de los animales y, aunque eran cada vez más fuertes a medida que iba anocheciendo, persistió en lo que había decidido hacer. Sin embargo, cuando a través de la oscuridad vio que un oso enorme se acercaba a él, huyó para salvar su vida y corrió a toda velocidad hasta que llegando a Puna, cayó desmayado en un comercio. Cuando volvió en sí, contó su aventura a quienes se habían reunido alrededor de él, divirtiéndolos mucho, y así terminó su espíritu de renuncia.

Aceptar al mundo como es

El esfuerzo espiritual exige no sólo resistencia física y valentía sino también impávida paciencia e inexpugnable coraje moral. El mundo está atrapado en Maya y está abrazado a los falsos valores. Por lo tanto, las costumbres del mundo van en contra de las normas que el peregrino se fijó. Si se escapa del mundo, eso no lo ayudaría, tendrá que regresar al mundo otra vez para desarrollar las cualidades que le permitiría afrontar y aceptar al mundo tal como es. Su sendero transita muy frecuentemente por el mundo al cual él tiene que servir a pesar de que no le gusten sus costumbres. Si el peregrino ha de amar y servir al mundo que no lo comprende o incluso no lo tolera, deberá desarrollar una infinita paciencia.

La paciencia

A medida que el peregrino avanza por el Sendero, a través de su contacto con un Maestro adquiere una comprensión cada vez más profunda del verdadero amor. Esto lo sensibiliza dolorosamente respecto de cómo repercuten las acciones externas, que no sólo no tienen el sabor del amor, sino que además lo ponen a él realmente en contacto con el frío desdén, indiferencias cínicas, antipatías atroces y odio incesante. Todos estos tropiezos ponen a prueba su paciencia al máximo. Incluso la persona mundana que sufre en el mundo, lo encuentra a veces indiferente y hostil, pero está más curtida y su sufrimiento es menos agudo. No espera nada mejor de la naturaleza humana y piensa que estas cosas son inevitables e incurables. El peregrino que probó un amor más profundo, conoce las posibilidades ocultas en cada alma. Su sufrimiento es, pues, más agudo porque percibe el abismo que existe entre lo que es y lo que podría haber sido si el mundo hubiera apreciado siquiera débilmente el amor que él empezó a comprender y abrigar.

La valentía moral y la confianza

La tarea paciente sería fácil si el peregrino pudiera reconciliarse con las costumbres del mundo y aceptarlas sin desafiarlas. Sin embargo, después de ver las verdades superiores, su deber imperioso es atenerse a ellas, aunque todo el mundo esté contra él. La lealtad a las verdades superiores que él mismo percibe exige valentía, una osadía moral inquebrantable para hacer frente a las críticas, el desprecio e incluso el odio de quiénes todavía no han florecido, no han desarrollado estas verdades. Aunque en esta lucha despareja tiene la indefectible ayuda del Maestro y de otros peregrinos, tiene que desarrollar su capacidad para luchar por sí mismo por estas verdades y sin contar con ayuda externa todo el tiempo. Este coraje supremo sólo puede aparecer con suprema confianza en sí mismo y en el Maestro. Amar al mundo y servirlo como los Maestros acostumbran a hacerlo no es un juego para débiles y pusilánimes.

Estar libre de preocupaciones

La valentía moral y la confianza en uno mismo deben acompañarse con libertad respecto de las preocupaciones. Pocas cosas consumen en la mente tanta energía como las preocupaciones, una de las cosas más difíciles es el dejar de preocuparnos por todo. La preocupación se experimenta cuando las cosas salen mal, y en relación con los sucesos del pasado es muy  pretencioso desear  que las cosas pudieran haber ocurrido de otro modo. El pasado es una piedra, el pasado es lo que es. Por mucho que nos preocupemos por él, nada puede ya cambiarlo. No obstante, la limitada mente del  ego se identifica con el pasado, se enreda con él, y mantiene vivas las angustias de los deseos que fueron frustraron. De manera que las preocupaciones continúan creciendo en la vida mental de una persona hasta que la mente egoica queda abrumada por su pasado.

También nos preocupamos en relación con el futuro, cuando presentimos que éste será desagradable. En este caso, la preocupación procura justificarse como una parte necesaria del intento de prepararse para hacer frente a situaciones con anticipación. Pero las cosas nunca pueden evitarse por el solo hecho de estar preocupado. Además, muchas de las cosas previstas no llegan a ocurrir nunca, o si ocurren, resultan ser mucho más aceptables de lo que creíamos. La preocupación es producto de una imaginación febril que trabaja estimulada por los deseos. Preocuparse es experimentar sufrimientos que nosotros mismos creamos. La preocupación nunca sirvió para nada, y es peor que un mero derroche de energía psíquica porque reduce la alegría y la vida plena.

Alegría, entusiasmo y equilibrio

Entre las muchas cosas que el aspirante necesita cultivar, hay pocas tan importantes como la alegría, el entusiasmo y la imparcialidad, el equilibrio. Todo esto resulta imposible a menos que el aspirante logre eliminar de su vida las preocupaciones. Cuando la mente está triste, deprimida o perturbada, sus acciones son caóticas y crean ataduras. De ahí que sea sumamente necesario mantener la alegría, el entusiasmo y la ecuanimidad en toda circunstancia. Todo esto resulta imposible a menos que el peregrino logre eliminar de su vida las preocupaciones. Las preocupaciones surgen necesariamente del apego al pasado o al futuro que se anticipa, y siempre persisten en una forma u otra hasta que la mente se desprende completamente de todo.

Unidireccionalidad mental

Las dificultades del Sendero sólo pueden superarse si el peregrino tiene unidireccionalidad mental. El avance se torna muy lento si disipa sus energías psíquicas en búsquedas del mundo. Unidireccionalidad implica desapasionarse de todos los alicientes del mundo fenoménico. La mente debe apartarse de toda tentación, y debe establecer un completo control sobre los sentidos. De manera que es necesario controlar y desapasionarse para alcanzar la unidireccionalidad mental cuando se procura una real y verdadera comprensión.

La ayuda del Maestro

La condición suprema de un avance seguro y firme por el Sendero es contar con la guía beneficiosa de un Maestro. El Maestro brinda precisamente la guía y la ayuda necesarias de acuerdo con las necesidades inmediatas del peregrino. Todo lo que el Maestro espera es que el aspirante se empeñe en avanzar espiritualmente. No espera una transformación inmediata de la consciencia, salvo donde el terreno fue previamente preparado. El tiempo es un factor importante en el avance espiritual, tal como ocurre con todo esfuerzo de carácter material. Una vez que el Maestro impulsó espiritualmente al peregrino, aguarda hasta que asimile por completo esta ayuda que el Maestro le dio. Una sobredosis de espiritualidad tiene una reacción malsana, particularmente cuando es inoportuna. Por lo tanto, el Maestro selecciona cuidadosamente el momento en el que su intervención asegure máximos resultados, un tiempo de transmisión  y, después de intervenir, aguarda con infinita paciencia hasta que el aspirante necesite realmente más ayuda.