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Eso Fue Así

Eso Fue Así

Encuentro en Honolulu

Ahora vuelve este episodio a mi memoria. Estábamos viajando de Estados Unidos a Australia con el Dios-hecho-Hombre, Meher Baba. De modo que esto debe haber sido en 1956 o 1958, no recuerdo en qué año fue. Nos habíamos detenido en el aeropuerto de Honolulu y teníamos que esperar varias horas antes de que el avión saliera hacia Australia.

Había cuatro mándalis con Baba mirando pasar la gente. Transcurrió media hora. Ya habíamos estado sentados durante horas en el vuelo hacia Hawai y sabíamos que teníamos que estar sentados unas horas más en el vuelo hacia Australia. Entonces Adi sugirió que nos levantáramos y diéramos un paseo por una senda que había fuera del edificio y cerca de la playa. Pero Baba nos dijo con un gesto:

–No, quédense sentados.

Nos quedamos sentados un rato más y entonces Adi volvió a sugerir que camináramos, pero Baba insistió en que nos quedáramos sentados allí. Poco después se acercó a Baba una pareja bien vestida; no eran hawaianos. Se inclinaron respetuosamente y le preguntaron a Baba si le interesaría ir a la casa de ellos a comer y descansar un poco. Esta invitación pareció complacer a Baba y les expresó su contento, pero les transmitió que poco después tendríamos que abordar nuestro avión y, por eso, no podríamos acompañarlos. Entonces la pareja se marchó.

“¡Ajá!,” pensamos. “Fue por esta razón que Baba insistió en que nos quedáramos aquí sentados. Él quería tener ese contacto con la pareja. Pero ahora podremos salir a dar un paseo.” Nosotros no estábamos pensando en nuestra comodidad; sabíamos que Baba también se vería obligado a estar largo tiempo sentado en el avión, y creíamos que sería bueno para él que pudiera estirar un rato sus piernas. Otra vez le sugerimos a Baba la idea de dar un paseo, pero, para nuestra sorpresa, Baba insistió en que nos quedáramos donde él estaba. Allí no había nada que hacer, salvo seguir sentados ahí con él. La pareja regresó un rato después. Esta vez traían grandes bolsos marrones llenos de comida para Baba y nosotros cuatro. Baba aceptó la comida con calidez y afecto, acariciándoles las mejillas y bendiciéndolos. Entonces la pareja se marchó sin decir nada más. Tan pronto se fueron, Baba se puso de pie y nos dijo con gestos: 

–Vayamos ahora a dar un paseo –aunque para ese entonces quedaba poco tiempo hasta tomar el vuelo.

Entonces creímos saber por qué Baba se había provocado esa incomodidad, por amor a sus amantes. Pero lo extraño del caso fue que nunca volvimos a enterarnos de aquella pareja. Preguntábamos a la gente: “¿Ha oído usted hablar alguna vez de una pareja de amantes de Baba de Hawai?”. Pero nadie supo de ellos. Hasta el día de hoy no tenemos idea de quiénes eran esas dos personas.


El secreto