<>
Índice

Eso Fue Así

Eso Fue Así

¿Qué debemos hacer?

¿Quieren enterarse de cómo pueden saber lo que deben hacer? Es sencillo, ¿no les dije antes que hagan simplemente lo que Baba quiere que ustedes hagan? Lo sé, lo sé, ustedes me dicen: “¿Pero qué quiere Baba que hagamos? O me dicen: “Para ti eso es fácil de decir, tú estuviste con Baba, y Baba te decía lo que tenías que hacer”. Muchas veces he tratado de explicarles que toda nuestra vida con Baba era algo enteramente diferente. Sí, Baba nos decía que hiciéramos ciertas cosas, pero eran órdenes diarias concernientes a nuestro trabajo. Baba podría decirle a alguien que escribiera una carta, a otro, que fuera al pueblo a comprar algo, y a otro, que pasara el lampazo o limpiara el excusado. Baba nos daba esta clase de órdenes.

Baba asignaba tareas específicas a cada uno de nosotros, pero quedaba librado a nuestro criterio cómo las haríamos y también cómo nos comportaríamos cuando no estuviésemos haciendo ninguna tarea. ¿Y lo que hoy pretenden decirme es que Baba me está diciendo lo que yo debería hacer y no se los está diciendo a ustedes? Hermano, ¿cuántas veces tengo que decirlo?, estamos todos en el mismo bote. No somos diferentes de ustedes. Sí, les concedo que, en nuestra vida con Baba, eso era diferente, pero no de la manera que ustedes imaginan. Había algo sobre la presencia de Baba, sobre estar en su presencia, que las palabras no pueden describirlo. Eso estaba ahí. Nos tocó a nosotros tener la bendita buena suerte de pasar el tiempo en su compañía y, estoy de acuerdo, yo diría que fue algo único. ¿Pero ustedes pretenden decirme que, cuando Baba abandonó su cuerpo, de repente nosotros no teníamos idea de lo que debíamos hacer?

No, nosotros seguimos haciendo lo que creíamos que complacía a Baba porque Baba no nos había entrenado para que cumpliéramos órdenes específicas sino para anticiparnos a sus deseos, aprender a percibir su estado de ánimo, en definitiva: aprender a bailar siguiendo su compás. Las personas dicen a menudo que para vivir con Baba se tiene que hacer esto o se tiene que hacer aquello, pero yo digo siempre que lo único que tienen que hacer es ser buenos bailarines y aprender a bailar siguiendo su compás. Y ustedes aprenden a hacerlo siguiendo a la voz interior con la que todos hemos sido bendecidos. Una vez Baba dijo que esta voz interior es su voz. Observen entonces que también ustedes tienen la oportunidad para obedecer las órdenes directas de Baba si simplemente escuchan esta voz.

A veces, cuando le digo a alguien: “¿Por qué haces eso? ¿Esa es la manera de comportarte?”, me contesta: “Eso es fácil para ti. Si yo estuviera con Baba, también podría obedecerlo, pero lo que es tan difícil es no saber qué hacer”. Pero les digo a ustedes que no hay diferencia. Nosotros teníamos las mismas tentaciones y las mismas dificultades que ustedes tienen. ¿Creen que, porque estábamos con Baba, de repente nos volvíamos ciegos y sordos respecto del mundo? ¿No les he contado todo acerca de la vez en la que, en presencia de Baba, me sentí atraído por una mujer? Yo estaba aquí parado, presentando a Baba a la gente, cuando una bella mujer entró en la sala. Su belleza me impresionó. Pueden decir que me cautivó.

Y Baba sabía lo que me estaba sucediendo. No porque él leyera mi mente, sino porque yo estaba tan preocupado con la belleza de la mujer que dejé de concentrarme en los gestos de él. Vean, yo tenía que concentrarme muchísimo para asegurarme de que podía interpretar a Baba correctamente. No era una mera cuestión de leer los gestos de Baba sino que yo tenía que mirar al mismo tiempo la cara de Baba para ver qué clase de expresión tenía. Tenía que conocer la clase de entonación que usaría para pronunciar en voz alta las palabras de Baba. No bastaba meramente decirlas, yo tenía que darles el énfasis que Baba quería. Y esto lo indicaba la expresión en la cara de Baba, ya fuera que sonriera, mirara con severidad o seriedad, o lo que fuera. Entonces yo me concentraba tremendamente para hacer esto como era debido. Tenía que mentalizarme totalmente. Por ese motivo le digo a la gente cuando me pregunta sobre el aspecto físico de Baba que yo nunca tuve la oportunidad de mirarlo. Es verdad, lo vi muchísimas veces, pero nunca estuve libre sólo para mirarlo fijamente, yo estaba siempre demasiado preocupado mirando sus manos, mirando la tabla alfabética y leyendo la expresión de su rostro como para poder simplemente mirar a Baba con el fin de adorarlo.

Entonces, cuando la belleza de esta mujer me distrajo, se interrumpió la interpretación de los gestos de Baba. La interrupción no duró mucho, pero Baba pudo darse cuenta de que algo me había sucedido. Siempre hay una explicación de la conducta humana. No se trataba de que Baba estuviera leyendo nuestra mente, sino que Baba era extraordinariamente sensitivo y perceptivo. Él era Dios. Yo diría que él es Dios, pero su conocimiento se basaba siempre en su perfecta humanidad, no en su omnisciencia.

Entonces, Baba al ver que me estaba pasando algo, rápidamente ató cabos. Pudo ver que esa joven mujer era sumamente bella y adivinó lo que estaba pasando por mi cabeza. La mujer había tenido la oportunidad de ser presentada a Baba y estaba a punto de acercarse cuando Baba alargó sus manos y le tocó la cara con ambas. Le sostuvo la mejilla, le hizo girar levemente la cabeza y me dijo con gestos: 

–Ella es muy bella, ¿no es cierto?

–Sí, Baba, ¡lo es! –le dije. La mujer estaba muy avergonzada. Se sonrojó al ser exhibida de esa manera a la mirada de todos, pero Baba continuó elogiando su belleza.

–¿Pero dónde estará esa belleza dentro de cincuenta años? Ella estará vieja y arrugada en ese entonces. Habrá desaparecido el brillo de su piel. Su espalda se encorvará y ella caminará arrastrando los pies. No tendrá dientes y su cabello negro y brillante será blanco y deslucido. Nadie se detendrá para mirarla por segunda vez. Lo que ustedes consideran una belleza es simplemente una cuestión de músculos, huesos y carne, y todo eso cambiará con el tiempo.

“¿Por qué enamorarse tanto de algo que es tan efímero? Eso se marchitará, la belleza más grande del mundo se marchitará como una flor: no es permanente. ¿Pero esto significa que no debemos apreciar la belleza cuando la vemos? No, debemos apreciarla. Pero debemos recordar que fue el Creador quien creó esta belleza. La belleza no debe atraernos por la belleza misma, sino que debe hacernos acordar de Quien creó esta belleza. –Baba estaba diciéndoles esto a todos; mi tentación le brindó a Baba la excusa para dirigirles este discurso a todos. Pero lo que estoy tratando de hacerles entender cabalmente es que, allí mismo, en presencia de Baba, la belleza de esta mujer me deslumbró. Estar en presencia de Baba no nos volvía automáticamente inmunes a estas cosas. Dondequiera que vayan existen la misma mente y el mismo corazón. Y mientras tengamos la misma mente y el mismo corazón, todos tendremos las mismas tentaciones y las mismas dificultades en obedecer a Baba. 

Para ser sincero, en este caso particular, Baba me facilitó que yo lo comprendiera, y que todos los que estaban allí comprendieran lo efímero de esa belleza. Baba nos dio la pauta de que no debemos dejar de mirar lo bello del mundo. Tenemos ojos, debemos fijarnos en esa belleza y debemos apreciarla, pero la belleza debe glorificarlo a Él y no a quien ha sido bendecido con ella. Pero ahora también ustedes se benefician con las palabras de Baba. Y ustedes lo saben, incluso sin ellas. Todos lo sabemos. ¿Quién en esta sala no sabe que la belleza se marchita con la vejez? Esto es un axioma. Lo que me salvó, lo que nos salvó a todos los que estábamos con Baba no fueron tanto estas explicaciones, estos discursos y órdenes de Baba sino nuestra determinación a ser Suyos.

Se trata solamente de eso. No somos diferentes a ustedes. Teníamos los mismos problemas, las mismas dificultades, y las mismas tentaciones, frustraciones y deseos, pero teníamos todos los otros deseos, y ese deseo era la decisión de ser Suyos. Y una vez que tengan esto, estarán a salvo, y sin eso, estarán perdidos, incluso con Baba dándoles órdenes directas. 

Permítanme darles otro ejemplo de mi propia vida con Baba. A la noche Baba se había retirado a su habitación y yo me iba a acostar. Esto sucedió aquí, en Meherazad. Baba estaba viviendo en lo que ahora es la habitación de Pendu, y yo estaba sentado afuera, bajo el árbol que estaba ahí. Baba me dijo que no lo molestara por razón alguna y que no entrara en su habitación a menos que aplaudiera, y se suponía que entonces yo entrara inmediatamente para ver qué quería. Eso estaba claro y en mi mente no había confusión sobre lo que yo debía hacer o no. Me quedé afuera de la habitación y esperé que Baba aplaudiera. Pero cuando estaba ahí sentado, sentí que algo se arrastraba sobre mi pierna. Era una serpiente y se dirigía hacia la habitación de Baba.

Corrí hacia ella y, con mi linterna, logré sujetarle la cola cuando estaba desapareciendo por la rendija que había debajo de la puerta. Solamente la cola había quedado fuera de la habitación de Baba, pero la sujeté con mi linterna para que no pudiera entrar por completo. Yo sabía que la cama de Baba estaba, tan pronto se entraba, a la derecha de la puerta, de modo que la serpiente se hallaba muy cerca de la cama de Baba y yo no podía dejarla ir. Pero al sujetar a la serpiente yo debí hacer un poco de ruido porque Baba aplaudió. ¿Qué iba a hacer entonces? La orden de Baba era que, cuando aplaudiera, yo tenía que abandonar todo y entrar de prisa en su habitación. Baba no había dicho: “Cuando yo aplauda, abandona todo, a menos que estés sosteniendo una serpiente en tus manos”. Ya ven, Baba me había dado una orden. Era una orden específica, pero aun así, pensé que mi primer deber era matar a la serpiente.

¿Y qué sucede cuando uno sostiene una serpiente por su cola? Se enrosca para atacar a lo que la esté sosteniendo. Yo sabía esto. Entonces sencillamente me quedé ahí parado con mi linterna sobre la cola de la serpiente, la cual se retorcía y enroscaba su cuerpo, y se deslizaba hacia atrás para salir por la puerta. Presten atención: Baba aplaudía durante todo el tiempo que sucedía esto. Pero yo esperé hasta que la serpiente estuviera fuera de la habitación de Baba y entonces agarré mi chappal (sandalia) y la golpeé hasta matarla. Tan sólo entonces hice caso a Baba que aplaudía, y entré.

–¿Dónde has estado? –inquirió Baba–. ¿No me oíste aplaudir? –Le expliqué a Baba lo que había sucedido–. Debías haber venido. Debías haber dejado que la serpiente se fuera, y venir inmediatamente. Eso fue lo que te ordené y deberías haberme obedecido.

Yo hice lo que creía correcto. Hice lo que creí que debía hacer para proteger el cuerpo de Baba, aunque esto contradijera una orden que Baba me había dado. Y Baba me dijo que lo que hice estaba mal. Pero si sucediera de vuelta, yo haría lo mismo. Lo que estoy tratando de decirles es que, aunque teníamos órdenes directas, sin embargo, teníamos que usar nuestro mejor criterio, y teníamos que examinar nuestra conciencia y tratar de calcular qué le agradaría a Baba. No siempre acertábamos y cometíamos errores, pero eso no era diferente de lo que es ahora.

Ustedes tienen que hacer lo mejor posible. Es difícil, lo sé, pero existe este consuelo. Una vez Baba nos dijo que, aunque necesariamente no supiéramos qué le agradaría, siempre sabríamos lo que no le agradaría. Entonces tenemos esta brújula incorporada que nos señala el camino.

Baba hacía hincapié en el servicio. Y he notado que muchos amantes de Baba participan en alguna clase de servicio. ¿Pero esto es servicio desinteresado? Incluso en la época de Baba, las personas venían a verlo y le contaban sobre el servicio desinteresado que estaban prestando. Pero tan pronto uno es consciente de haber servido a otro, entonces no lo han servido. No les digo que no hagan buenas acciones, pero es mejor no hacerlas que regodearse en haberlas hecho y de este modo reforzar las ataduras del apego que uno tiene por esos actos.

Algunas personas que vienen aquí dicen que se sienten culpables porque están ganando mucho dinero. Si no están engañando a nadie y lo están obteniendo honestamente, ¿por qué sentir culpa? ¿Baba dijo que todos debíamos ser pobres? No hay nada de malo en tener dinero, mientras ustedes sepan cómo usarlo. Baba ha dicho: “Es realmente rico quien sabe gastar bien su fortuna”. Pero, por otra parte, no es bueno ganar cada vez más dinero y preocuparse por ganar dinero con la idea de que se está haciendo esto solamente para poder hacer al máximo el “trabajo de Baba”. Es presuntuoso de nuestra parte que pensemos en hacer “el trabajo de Baba”. Esto sólo alimenta nuestro ego.

Una y otra vez se vuelve a la misma verdad: la de vivir una vida normal. Están todas estas preguntas: “¿qué está bien?, ¿qué está mal?, ¿debería hacer esto?, ¿debería abstenerme de hacerlo?, ¿esto alimentará mi ego si lo hago, pero si no lo hago, es sencillamente ser egoísta?”. Y así hasta el infinito. Las preguntas no tienen fin, y tampoco las respuestas a estas preguntas. No se compliquen tratando de descifrarlo. Meher Baba quiere que lleven una vida corriente y normal, de acuerdo con cómo se guíen interiormente. Hagan lo que intuitivamente se sientan impulsados a hacer, pero deben tener como base el establecerse sólidamente en ser de Él.

Dedíquenle a Él cuanto hagan o emprendan. Ni siquiera piensen si está bien o está mal, si es bueno o malo, si es fortaleza o debilidad. Simplemente dedíquenle todo. La deshonestidad desaparecerá gradualmente. Las cosas desaparecerán gradualmente, y el amor y la honestidad puros crecerán cada vez más.

Ustedes no podrán empezar, por así decirlo, con una pizarra en blanco. Deberán empezar desde donde están. Todos tenemos debilidades. Pero no eliminará nuestras debilidades el hecho de que analicemos y diseccionemos nuestras motivaciones y tratemos de comprender si lo que nos impulsa es el egoísmo o el desinterés. Eso solamente nos volverá locos y hará que nos sea imposible hacer algo. La única manera de librarnos de nuestro egoísmo consiste en ir para adelante y hacer algo, pero dedicárselo a Él.

Por ejemplo, digamos que ustedes deciden recoger la basura de las calles para que éstas se mantengan limpias y en orden. Esto es un emprendimiento “bueno” y que “vale la pena”. Entonces empiezan a hacerlo. Pero muy pronto se dan cuenta de que lo que tienen ganas es que los demás se fijen en lo que ustedes están haciendo, y se descubren pensando: “Qué buen ejemplo estoy dando. Esto no lo estoy haciendo por dinero. Lo estoy haciendo para el bienestar de todos, y la gente debería agradecérmelo”. Después de un tiempo, tal vez ustedes quieran llamar la atención sobre sus personas o se enojen cuando los demás no se fijan en lo que ustedes están haciendo. Y hasta pueden ofenderse porque no los aprecian como es debido. O incluso el ego de ustedes podría empecinarse en que los demás no les hacen caso: “Vean qué espiritual soy: estoy haciendo esto aunque nadie se fije en mí ni me elogie por eso”. En suma, el ego está muy presente.

¿Pero y qué? El ego está presente siempre. El modo de ser del ego consiste en apoderarse de cualquier cosa que hacemos y usarla para fortalecerse. ¿Cuál es entonces la solución? La solución es simplemente seguir haciendo lo que ustedes están haciendo. El gusto inicial puede desaparecer después de un tiempo y ustedes pueden perder su entusiasmo, pero si continúan, aunque eso sea mecánico de parte de ustedes, los aspectos egoístas de su conducta desaparecerán con el tiempo. Al final se olvidarán por completo de esas otras consideraciones y se encontrarán recogiendo la basura por hábito y únicamente por el deseo de mantener limpias las calles. Sinceramente no les importará si los otros se fijan o no en lo que ustedes están haciendo. No esperarán que ellos los elogien. Y no se fastidiarán si ellos los condenan. Dedicándosela a Él, la acción se purifica.


Baidul
Sufrimiento