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El Todo y la Nada

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El Todo y la Nada

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Del estado de sueño despierto al Verdadero Estado Despierto

La Primera Canción del Infinito es el comienzo de la Creación. Ella es la causa del aparente descenso de lo Infinito al dominio de la múltiple dualidad. La dualidad implica sufrimientos interminables.
Soy eternamente feliz porque sé que soy el Uno Infinito. Sólo Yo existo; no hay nada más que Yo; todo lo demás es Ilusión. Al mismo tiempo, sufro eternamente. Yo, como Yo mismo, soy libre. Pero en ustedes, como ustedes, me encuentro atado. Deliberadamente sufro a través de ustedes, para librarlos de toda atadura. En esto consiste mi crucifixión. Vuestra experiencia del sufrimiento se debe a la mera ignorancia; y vuestra ignorancia es mi sufrimiento.
Están sentados aquí ante mí, afirmando cada uno su existencia separada de la del otro. Proceden de diferentes estratos sociales. Poseen varias aptitudes y habilidades tanto físicas como mentales. Se han individualizado a través de la mente-ego y la Única Alma Indivisible está infinitamente dividida. Pero el Alma nunca llega a dividirse, siempre permanece Una y la Misma.
Ustedes son en realidad el Alma Infinita, pero se identifican con una mente finita y así tienen que sufrir. Tienen sus momentos de alegría y de tristeza. Ya sea que el dolor exceda a sus placeres, o que el placer exceda a sus dolores, ustedes se afligen durante todo el día con una u otra cosa hasta que, llegando la noche, su existencia finita se retira al sueño profundo. Ahí inconscientemente se fusionan con el Infinito.
En el sueño profundo se olvidan completamente de ustedes mismos y de su entorno, así como de los pensamientos y las emociones alrededor de los cuales se disponen las ideas de felicidad y dolor imaginadas por ustedes. Pero esta pausa es breve.
Del estado del sueño profundo vuelven al estado despierto normal, y al volver han de pasar necesariamente por un estado de sueño, aun cuando sea solamente por una fracción de segundo.
Ahora bien, algunas veces tienen un sueño muy dulce y feliz en el que su ideal de felicidad es logrado. Pero al ser un sueño, tan sólo dura un momento, y al despertar se apenan tanto que suspiran: “¡Lástima que fue sólo un sueño!”.
Otras veces tienen un sueño horrible en el que experimentan gran sufrimiento. El tiempo parece una eternidad. Al despertar sienten tal alivio que exclaman: “¡Gracias a Dios, después de todo, fue sólo un sueño!”.
En el estado de sueño gozan y sufren. Al despertar constatan que su regocijo y sufrimiento no fueron sino un sueño, una ilusión. Pero sepan que su actual estado de consciencia, al que llaman estar despierto, no es nada más que un estado de sueño en comparación con el Verdadero Estado Despierto. Su vida es un sueño dentro del magno Sueño de Dios que es el Universo.
Desde su actual estado de sueño despierto, tienen que pasar por muchos sueños de muertes hasta establecerse en el Verdadero Estado Despierto. Después del sueño ordinario despiertan en el mismo entorno; después de la muerte alcanzan uno nuevo. Pero esto no acarrea el fin del sufrimiento, ya que el Hilo de la Acción (Karma) continúa sin romperse e infaliblemente sigue determinando su vida. Lo cómico de todo esto es que nuevos entornos crean nuevas aflicciones. La garra de la ilusión es tan fuerte y engañosa que no pueden dejar de afligirse. De este modo, su vida en el estado de sueño despierto se torna en una cadena de sufrimiento interminable.
Como cuerpo denso, ustedes nacen una y otra vez hasta darse cuenta de su Ser Verdadero. Como mente, nacen y mueren sólo una vez; en este sentido no reencarnan. El cuerpo denso continúa cambiando, pero la mente (cuerpo mental) permanece como tal durante todo el proceso. Todas las impresiones (sanskaras) están almacenadas en la mente. Las impresiones deberán ser gastadas o contrarrestadas por nuevo karma en sucesivas encarnaciones. La rueda de Buda denota el ciclo de nacimientos y muertes. La rueda prosigue en su incesante girar. Los eleva hasta las cumbres; los sumerge a los abismos.
Para mostrarles cómo el karma persiste como eslabón de conexión y como factor determinante de las futuras vidas, les doy un ejemplo. Un rey tiene vastas posesiones. Pero es un rey indigno. Malgasta todas sus energías y su fortuna en fines egoístas y en ostentaciones, sin cuidar de sus súbditos. En su siguiente nacimiento nace ciego y se convierte en mendigo, compensando así su mal obrar.
El rey tiene un sirviente honrado, leal y buen trabajador. En su siguiente nacimiento, por sus méritos, nace en una familia culta y próspera. Cierto día, mientras camina por la calle escucha un grito lastimero que proviene de la acera. Procede del mendigo ciego, que había sido rey en su vida anterior y que ahora implora fuertemente extendiendo las manos: “¡Tengan piedad, denme una moneda por amor de Dios!”. Y puesto que todas las acciones, por triviales que sean, están interiormente determinadas por los lazos sanskáricos, creando demandas y contra-demandas, el hombre rico es atraído inconscientemente hacia el mendigo y le da unas cuantas monedas de cobre. Un rey implorando limosna y un sirviente apiadándose de él. ¡Qué comedia, qué ironía del destino! Esta es la labor de la ley del karma, la expresión de la justicia en el mundo de los valores. La ley del karma es imparcial e inexorable. No sabe de concesiones, no otorga preferencias, no hace excepciones. Administra justicia.
Por la ley divina están protegidos del recuerdo de vidas pasadas, ya que este no los ayudaría a vivir su vida presente, sino que la haría infinitamente más complicada y confusa.
Para mí, el ‘pasado’ no existe. Yo vivo en el Eterno Presente. Veo claramente sus vidas pasadas con todas sus íntimas e intrincadas relaciones con un gran número de individuos. Sus variadas reacciones con otros, vistas en el contexto de sus mutuas conexiones en vidas previas, me sirven como un gran chiste y ayudan a aliviar mi carga de sufrimiento.
Ahora, les doy otro ejemplo. No es un suceso infrecuente. Un musulmán, después de morir, es enterrado en un cementerio. Después de varias encarnaciones nace de nuevo en una familia musulmana de la misma ciudad. Es costumbre entre los musulmanes ofrecer oraciones por los muertos cuando visitan las tumbas, rezar a Dios Todopoderoso por la salvación de los fallecidos. Y así, ocurre que aquel hombre se detiene frente a su propia tumba y ora solemnemente: “¡Pueda Dios salvar su alma!”. ¡Qué absurdo! ¡Qué patético!
La rueda de nacimientos y muertes gira incesantemente. Ustedes han nacido como hombre y como mujer; ricos y pobres; brillantes y torpes; sanos y enfermos; negros y blancos; han tenido diferentes nacionalidades y diferentes credos, conforme a su inherente e imperativa necesidad de tener esa riqueza de experiencias, que ayuda a trascender todas las formas de dualidad. Al lado de la experiencia, el pago y el cobro de las deudas kármicas se perpetúan ad infinitum. ¿Cómo pueden saldar la cuenta? El Avatar, o el Sadguru, teniendo Mente universal, literalmente incorpora la vida universal. Es a través de Él que ustedes se liberan de esta sujeción del karma.
La vida de todos y de cada uno, es un libro abierto para mí. Es como la proyección de una película que disfruto a mi propia costa. Soy el único Productor de esta cambiante e interminable película llamada universo, en la cual Yo me vuelvo ustedes en su estado de sueño despierto, con el objeto de despertarlos al Verdadero Estado Despierto. Cuando tengan la experiencia de tal estado, se darán cuenta de la nulidad que era el estado de sueño despierto que experimentan ahora. Esto necesita mi Gracia. Cuando mi Gracia desciende los convierte en Mí Mismo.

La mente inquisitiva
Yo Soy Consciencia infinitI