La Infinitud de la Verdad

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El mundo de los muchos

Donde hay muchos, necesariamente hay comparación entre ellos. Habrá uno menor, uno mayor, una jerarquía de exigencias, privilegios y derechos, y todas las valoraciones se distorsionan al reconocer gradaciones de diferentes tipos. Desde el punto de vista espiritual, todas éstas son formas de consciencia falsa, porque la misma Verdad vibra en todos. La similitud que se experimenta en la realización, sin embargo, forzosamente es diferente del principio de la igualdad; es decir, que una persona es igual a cualquier otra persona singular en cuanto a sus necesidades, derechos y valor, pero nunca podrán ser iguales dentro de la dualidad a dos o más personas.

El Uno en todos y cada uno

Por otro lado, el infinito espiritual de la Verdad da cabida a la paradoja de que se puede considerar a una persona como la totalidad misma. Por ende, una persona no sólo es capaz de ser considerada como igual en importancia que dos o más personas, sino incluso como igual a todas. En el infinito espiritual toda comparación está fuera de lugar. No hay más pequeño ni mayor, ni jerarquía de exigencias, privilegios y derechos, y la valoración permanece cristalina, por la percepción indemne del Uno en todos y cada uno. Considerando que todos en la creación, no sólo están dentro del infinito espiritual, sino son el infinito espiritual indivisible mismo, entonces todos son primeros en importancia y nadie ocupa un lugar secundario.

La nueva civilización

En la vida social, el reconocimiento de la infinitud espiritual de la Verdad significará un reto al individualismo y también al colectivismo. Esto inicia una nueva forma de pensar en términos de una totalidad indivisible y descarta cualquier valor relativo de comparación, a favor del reconocimiento del valor intrínseco de todo. Por consiguiente, en una civilización basada en la idea verdadera del infinito espiritual de la Verdad, no habrá problemas de mayoría y minoría, de rivalidad y competencia, ni de esas comparaciones y evaluaciones laboriosas que tan a menudo se convierten en refugio para el orgullo y el ego separativo. Entonces, la vida será infinitamente simple e íntegra, porque todas las ilusiones que crean distanciamientos y complejidades habrán desaparecido.

— Meher Baba. Discursos, "La Infinitud de la Verdad"