No hay que encarar con pesadumbre la meditación, como si fuéramos a tomar aceite de castor. Tenemos que tomarla con seriedad, pero sin gravedad, sin melancolía, sin tristeza. El buen humor y la alegría no sólo no afectan el progreso de la meditación, sino que también contribuyen realmente a ella. La meditación no debe convertirse en algo desagradable, en algo molesto. El aspirante debe permitirse libremente la alegría natural que acompaña a la meditación expansiva, fructífera, sin volverse adicto a la meditación. La meditación debe ser algo parecido a una excursión por los planos superiores. A semejanza de las excursiones por entornos naturales, materiales, nuevos y bellos, la meditación es portadora de una sensación de entusiasmo, aventura, paz y alegría. Hay que eliminar todo pensamiento que implique depresión, temor o preocupación si queremos que la meditación sea realmente exitosa.

— Meher Baba, Discursos. El despertar espiritual
en la vida cotidiana.